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Trabajo del autor CHEMA ALAGÓN

LA COLONIZACIÓN EN ARAGÓN: MONEGROS I Y SU URBANÍSTICA

del Curso de ARTE ACTUAL que imparte Carmen Rábanos Faci en la Universidad de Zaragoza.

Domingo 25 de octubre de 2009, por 00 Konozer

En octubre de 1913 se celebró en Zaragoza el primer Congreso Nacional de Riegos, y desde entonces la preocupación por los nuevos regadíos y por la trascendencia que pueden tener en la economía de la nación es una constante común de los gobernantes y de todo el pueblo aragonés. Francisco de los Ríos es la persona más vinculada a todas esas realizaciones y a los proyectos puestos en marcha, siendo ingeniero-jefe de la Delegación del Ebro del Instituto Nacional de Colonización (I.N.C.) desde 1941. Con él se pusieron en marcha los tres tramos de Monegros, la zona del Flumen, casi toda la primera parte de Bardenas y otras mejoras en toda la cuenca del Ebro.

El término colonización se refiere al proceso de ocupación, asentamiento y explotación de un territorio, al establecimiento de colonias (grupos de colonos). En este caso son colonizaciones agrarias internas, dentro de España.

Para impulsar las zonas regables se crea y empieza a actuar el I.N.C. Se promulgan leyes de colonización de grandes zonas y sobre colonización y distribución de la propiedad de zonas regables.

Aragón fue la región donde más incidencia tuvo la Colonización Agraria de época franquista. Esto se explica porque es una región pionera en la reivindicación histórica de la política hidráulica, como veíamos con Joaquín Costa.

Donde más se actúa es en Huesca y Zaragoza, ya que se construyeron 15 pueblos en Huesca, 15 en Zaragoza y 2 en Teruel, contando un total de 32 pueblos y 3.700 viviendas.

En estos planes de colonización se presta especial atención al estudio del hombre. La opción social, que es lo que fue orientando la actuación del I.N.C., se funda en la creación de empresas familiares capaces de procurar a los agricultores unos ingresos mínimos socialmente aceptables, pero sin exigir que la combinación de los factores tierra, capital y trabajo en estas unidades sea óptima.

Un signo común a los nuevos pueblos y que en los comienzos de su funcionamiento como tales dificulta su nueva vida es la distinta procedencia de los colonos que en ellos se integran. Sin embargo adquieren rápido una personalidad propia, formando un nuevo conjunto de características peculiares.

La propiedad de la tierra, que en los regadíos del valle del Ebro estaba muy repartida, aparecía, al hacer el Plan de Colonización en algunos pueblos, sumamente concentrada. Para solucionar esto el I.N.C. distribuye de nuevo la propiedad, a favor de las familias numerosas. Hasta mitad de los años 60 se habían adquirido 49.781 hectáreas en las primeras partes de Bardenas y Monegros, con Planes de Colonización en marcha, y en el Cinca, donde se estaban iniciando.

El I.N.C. se encuentra con una propiedad procedente de los bienes comunales confusa en algunos términos, lo que crea continuas disputas entre los vecinos. Para tratar de resolver estos complicados problemas jurídicos se expropian bienes de las Corporaciones locales situados a más de 5 y 3km. del centro de las poblaciones. A los vecinos se les da preferencia para la adjudicación de las unidades de explotación que instale el I.N.C.

La labor de colonización, especialmente cuando se lleva a cabo en los nuevos regadíos que establece el Instituto, exige la construcción de las viviendas precisas para instalar a la nueva población. Estas viviendas se construyen agrupadas en nuevos pueblos o diseminadas, dentro de la parcela que el colono debía atender.

Los nuevos núcleos urbanos que se han ido levantando no constituyen, por tanto, una de las finalidades de la colonización, sino una obligada consecuencia de la misma. Atendiendo al tipo de colonización adoptado de instalar patrimonios familiares, a la evidente economía que se consigue con la construcción de viviendas agrupadas y, sobre todo, a razones de orden social, resulta aconsejable en la mayoría de los casos la erección de nuevos pueblos.

Estos nuevos conjuntos rurales comprenden en una primera fase las viviendas para colonos y sus dependencias agrícolas, las viviendas para los obreros agrícolas y un centro cívico constituido por los edificios administrativos, iglesia, consultorio médico, escuelas, centro cooperativo, etc. más los suficientes solares para la construcción inmediata de locales de comercio y artesanía y para todo tipo de nuevos edificios que hayan de construirse en sucesivas fases de desarrollo de la zona y el nuevo núcleo.

A finales de 1965 el I.N.C. había construido en sus distintas zonas 213 pueblos de muy diversa capacidad, incluyendo ampliaciones de varios pueblos rurales ya existentes. En la zona Monegros-Flumen habían construidos 13 pueblos, con dos de ellos con ampliación prevista (Valfonda de Santa Ana y Curbe) y un pueblo con parte de las viviendas previstas terminadas (San Lorenzo del Flumen).

Las viviendas construidas a finales de 1965 sumaban 23.653, de las que 1.942 estaban diseminadas y el resto estaban agrupadas en poblados. En las zonas de Aragón, Cataluña y Navarra se habían construido 4.163 en nuevos pueblos y 125 diseminadas (14 de ellas en la zona Monegros-Flumen). Eran amplias y confortables y estaban dotadas de servicios de agua, saneamiento y energía eléctrica.

Se construyeron además, anejas a las casas de los colonos, las dependencias agrícolas mínimas para la explotación del lote, construyéndose en fases posteriores por el propio colono ampliaciones de las dependencias conforme la explotación lo exigía, pudiendo ser auxiliado para ello por el I.N.C.

La distancia de los nuevos pueblos a las parcelas que ha de servir no puede exceder en ningún caso de 2,5 a 3km, construyéndose viviendas aisladas en dichas parcelas cuando distan de los pueblos mayores distancias de las indicadas. Todos los servicios y asistencias sociales de los colonos que residen en las viviendas aisladas se atienden en el centro cívico de los pueblos cercanos.

El I.N.C. procura dar a cada nuevo pueblo construido una fisonomía particular lograda mediante disposiciones varias en su planta de ordenación y por el estilo de las construcciones, que, en general, ajusta al estilo popular predominante en la comarca.

Los pueblos se construyen a 5 o 6km. unos de otros, y a mayores distancias de los pueblos antiguos. Su emplazamiento se escoge procurando que sean centro de actividad del regadío. Se tienen en cuenta los vientos, de los que se procura proteger, así como un atento estudio de la visibilidad y la belleza del pueblo. No hay que olvidar que lo que hicieron era pintar sobre el terreno natural, y el Instituto tiene mucha inquietud en este aspecto de embellecimiento de la vida rural. El nombre de los pueblos se acoge con arreglo al paraje o la partida, como por ejemplo Ontinar, construido en un ontinar de plantas aromáticas, en un desierto llano, próximo al barranco de la Violada. También se han resucitado antiguos poblados de los que no quedaban vestigios, como Curbe.

A cada pueblo se le suministran los servicios imprescindibles de luz, abastecimiento de agua y alcantarillado. También se tiene en cuenta en los proyectos que no son estables, que pueden crecer rápidamente.

En los casos en que se hicieron instalaciones rápidas de familias antes de terminarse las obras, lo primero que pedían las mujeres y los colonos eran las escuelas y las iglesias. La gente sentía una urgente necesidad. Rápidamente se procura tener en contacto estos pueblos con el exterior y, además de las carreteras y caminos ya construidos, se gestiona el establecimiento de coches de línea y la instalación de teléfonos.

El embellecimiento de estos pueblos es muy importante. Se huye del aspecto polvoriento para crear sencillos jardines a base de pradera y conífera, de poco coste de mantenimiento, para que oculten toda la fealdad de dentro y de los alrededores del pueblo. Las casas y los pueblos de alguna manera compiten por ver quién tiene los jardines más cuidados.

Alrededor de los pueblos se reserva una superficie para su posible crecimiento. De todas las formas, las plantas de los pueblos se han de modo que no sean compactas, procurando que todas las viviendas estén alrededor de grandes plazas o paseos a base de sucesivas ampliaciones, evitando el hacinamiento excesivo de viviendas. En estos secarrales, con ausencia total de árboles, también se actúa. Se repueblan los cerros, cambiando el aspecto de estas comarcas. Estas repoblaciones se inician con pino carrasco, aunque se continúan con pino piñonero o cerezos.

También se hacen plantaciones corta-vientos a base de cuatro filas de chopos plantadas al tresbolillo. En las lindes de los lotes, con el anterior objeto, se fomentan las plantaciones de cipreses.

En el caso de Huesca tenemos los planes de Monegros, Violada y Flumen. Se trata de aprovechas las aguas de los ríos Gállego y Cinca para el riego de las zonas de Los Monegros oscenses, zaragozanos y el Somontano oscense. Esto lleva a la creación de la presa de Ardisa, el Canal del Gállego, el pantano de la Sotonera y el Canal de Monegros. El Canal de Monegros se encarga de dar riego y transformar los secarrales situados por un lado entre el Ebro y la sierra de Alcubierre y por otro los campos que pasan por Almudévar, Tardienta, Torralba, Robres y Lanaja. El canal se divide en el proyecto en seis tramos, según los caudales para las distintas zonas.

En el Tramo I de este canal nos encontramos con los nuevos pueblos de Artasona del Llano ( proyectado en 1954), Valsalada (1954) y San Jorge (1954). Forma parte de este tramo el área dominada por la acequia de La Violada, con su acequia principal de La Sarda y la acequia “Q”, que permite unir directamente el tramo segundo de la Violada con el Canal de Monegros. En esta zona dominada por esta gran acequia nos encontramos con los pueblos de Ontinar (1944), Puilato (1954, derruido tras su abandono por fallas en el terreno, siendo estos últimos pertenecientes a la provincia de Zaragoza).

A la altura del Collado de Tardienta el tramo se divide en dos: Canal del Flumen y Tramo II de Monegros. En la zona del Canal del Flumen nos encontramos con Valfonda de Santa Ana (1957), Curbe (1956, antes Corbaz), Sodeto (1956, antes Monte Sodeto), y San Lorenzo del Flumen (1956, antes Monte Tubo). El Tramo II del Canal de Monegros tiene su origen al final del Tramo I y concluye en la entrada al túnel de la Sarda. La obra más importante de este tramo es el acueducto de Tardienta. En esta zona nos encontramos con Frula (1953) y Montesusín (1954, antes Rabasal).

El Tramo III comienza en el túnel de la Sarda para terminar en la Cartuja de Monegros, topándonos en su recorrido con Cantalobos (1956), Orillena (1956), San Juan del Flumen (1956) y La Cartuja de Monegros (1956).

Otro plan oscense, aunque no se llevó a cabo, fue el Plan del Canal del Cinca, en el que se preveía la construcción de otros siete pueblos en esta zona: Sobrarbe, Ondina, Costa, Val del Caudillo, Las Ripas, Puebla de Alcanadre y Cajal, pero el retraso en la transformación de esta zona lleva a que finalmente no se lleve a cabo ninguno de ellos.

La arquitectura de estos poblados de Monegros imita los modelos rurales, los reinterpreta, por arquitectos reconocidos y vanguardistas, como es el caso de José Borobio (que en 1944 tomó posesión de una plaza de arquitecto en el I.N.C., delegación Regional del Ebro, hasta 1977), un buen dibujante que recogió la esencia popular de los pueblos en sus cuadernos de dibujo. También tenemos a Jesús Beltrán Navarro, Antonio Barbany Bailo, Alfonso Buñuel Portoles, Santiago Lagunas y Javier Calvo Lorea. Es una arquitectura culta, acorde con las teorías urbanísticas del período.

Fueron pueblos concebidos de una manera organicista o radial, con una ordenación simétrica en muchos casos, en relación con los dos ejes principales, que suelen cruzar la plaza, situada en el centro. En la plaza nos solemos encontrar las iglesias con sus anejos, los edificios de la administración, es decir, los edificios más destacados, en torno a los cuelas se desarrollan el resto de viviendas. La estructura racional y su arquitectura homogénea rompen con cualquier otro tipo de pueblos que puedan existir.

Como consecuencia del nacional-catolicismo la iglesia ocupa un lugar preferencial dentro del plano del pueblo. La planimetría de los mismos es la siguiente:

La planimetría de Artasona responde a una combinación de ritmos orgánicos con un aspecto cuadrangular reticulada. Sus casas son de piedra y entre ellas se alza un hermoso arco que nos da la bienvenida al pueblo. En Valsalada el ritmo ondulante y orgánico es también muy acusado en planta, dando lugar a tres calles principales ligeramente onduladas, mientras que el trazado de San Jorge lo podríamos inscribir en un triángulo equilátero truncado por los extremos, con los trazados de las casas rectilíneos en la mitad del pueblo y en la otra mitad ligeramente perpendiculares.

En Ontinar el trazado rectangular nos lleva al centro del pueblo, donde nos encontramos con un gran paseo que posee como telón de fondo la iglesia, siendo el trazado de sus casas rectilíneo. El Temple responde también a un aspecto rectilíneo perfectamente estructurado, encontrando diferencias con el de Puilato, del que podemos ver algunos vestigios en el terreno, combinando líneas curvas y rectas, en relación con San Jorge y Valsalada. Cabe destacar que la iglesia de Puilato era la única de planta circular de todos los pueblos de este proyecto, línea curva que se continuaba en los edificios de la plaza, creando un hermoso conjunto de que hoy solo podemos disfrutar por medio de las fotografías.

En Valfonda de Santa Ana el trazado es uno de los más originales, con abundancia de líneas ondulantes, continuando este juego en la iglesia y en la original ermita, con grandes curvas que nos unen las dos esferas de cielo y tierra. El trazado de Curbe es también ondulante, dejando en el centro los edificios más significativos, mientras que en Sodeto se combinan ritmos ondulantes con trazado rectilíneo, descentrando los principales edificios públicos. Esta misma combinación la vemos en San Lorenzo del Flumen, con cierre rectilíneo en los extremos.

El trazado de Frula es rectilíneo, perfectamente cuadriculado, recordando trazados romanos, racionalmente organizado. Similar a este trazado es el de Montesusín, aunque en uno de sus extremos adopta una forma ondulante, otorgándole semejanza a los de Artasona o Valsalada. Es el caso también de La Cartuja de Monegros.

El de Cantalobos es perfectamente rectangular, con un claro eje principal que divide el pueblo en dos mitades casi simétricas. Está organizado de una manera rectangular dentro de un trazado rectilíneo. Destaca la peculiaridad de que casi su totalidad de las casas son de una sola planta.

Por último los trazados de Orillena, con dos calles principales formando un eje en forma de “X” del que parten las edificaciones, de trazado rectilíneo adaptado al terreno, y San Juan del Flumen, con un trazado en forma de abanico, respondiendo al trazado ondulante, una planta que nos puede recordar las cáveas de los teatros de época clásica. Destaca que todos los trazados son diferentes unos de otro, habiendo mucha diferencia también por el tamaño de los pueblos, siendo de los más pequeños San Jorge, Puilato, y de los más grandes San Juan del Flumen y Cartuja de Monegros.

En cuanto al diseño de los pueblos, con mayor o menor libertad en sus planteamientos, en innegable que en la mayor parte de los proyectos existen una serie de constantes, que son las siguientes:

En cuanto a la planta general del pueblo: ruptura de las perspectivas, establecimiento de una plaza en la que se concentran los equipamientos y el comercio, agrupación de las edificaciones en orden a crear una impresión de masa continua (huída de espacios abiertos), en algunos casos, búsqueda de separación del tránsito de peatones y el de carros y animales, trazado de una calle principal que terminara con la perspectiva de la torre de la iglesia y establecimiento de bosquetes que rodeen el pueblo (con carácter de separación del espacio de residencia frente al espacio de trabajo, aunque posteriormente para preservar a los pueblos de procesos especulativos).

En cuanto a las edificaciones hay un énfasis especial en las iglesias y su torre como hito fundamental del pueblo y gran diferenciación de los tipos de viviendas, con el objetivo doble de adaptarse a las necesidades y de singularizarlas al máximo, para darles un mayor atractivo de cara a sus beneficiarios

Colonización construye ermitas para ayudar al anhelo de los colonos de agruparse y unirse en fechas determinadas, bajo un ambiente propicio a la fraternidad, religiosidad e intercambio de ideas y animosidad para el bien y el trabajo. Se tiene presente que los colonos vienen de diferentes lugares hacia los que mantiene un grato recuerdo.

Difícilmente pueden olvidar determinadas costumbres, sobre todo las que tienen un hondo sentir patrio y religioso, como las romerías a las ermitas de sus pueblos de origen. Son ermitas más o menos ricas en su construcción y formato, más o menos lejanas del pueblo, pero siempre queridas y respetadas, protectoras de sus hogares, de sus campos, de sus bienes...

No podemos hablar de los pueblos de colonización de Monegros sin nombrar a José Baqué Ximénez, autor de varias de las pinturas de los mismos. Su matrimonio con Flora Calvo le lleva a trabajar con su suegro, José Calvo, que le inicia en el mundo de la construcción, donde iniciará su relación con importantes arquitectos como Regino y José Borobio, una relación decisiva para su carrera pictórica, ya que le llegarán encargos para los nuevos pueblos de colonización. Su relación con la arquitectura afectará también a la forma de componer y estructurar su pintura.

La obra de Baqué encaja a la perfección en las modernas iglesias de estos nuevos pueblos de colonización. “Su estructura, sus muros las piden, más, mucho más que todas esas absurdas figuritas de yeso con los carritos coloreados y barbas recién arregladas...”

Decorará las iglesias de Ontinar del Salz (la aparición de la Virgen del Salz a unos labradores), la de El Temple (la Asunción, obra premiada en el concurso nacional), San Jorge (San Jorge luchando con el dragón) y por último Puilato, 1958 (la Sagrada Familia, con San José obrero, patrón del pueblo). Su obra muralista acabará en el fallido intento del cabildo zaragozano de la decoración de cúpulas para el Pilar de Zaragoza.

La escultura religiosa en esa época se disputa entre la ascética modernidad y la figuración clásica. Por eso muchas veces se tiende al uso de pintura en vez de escultura.

Entre las características de su pintura destaca el afán de monumentalidad y el predominio del volumen a la hora de representar las figuras. A lo largo de los años cuarenta y cincuenta cobran auge las decoraciones murales, que eran usadas con una clara intencionalidad político-religiosa, con el carácter marcadamente nacionalista que tenía la iglesia en la posguerra.

La política de colonización agraria fracasó en cuanto a su dimensión de reforma social del campo español. La única reforma efectiva fue la industrialización del país y el éxodo rural. Técnica y económicamente se crearon las condiciones para consolidar áreas agrícolas dinámicas. En ellas se cambia el panorama de los cultivos. Se cambian esteparias por grandes zonas verdes de cultivos y zonas de bosques.

Fue una transformación muy lenta, casi 30 años, por lo que los objetivos sociales quedaron respecto a los rápidos cambios de la realidad social y económica española.

Las tierras asignadas a los colonos fueron las peores y su transformación fue posible gracias a los esfuerzos de los colonos y de sus familias. Para los colonos el coste monetario no fue muy alto, pero sí en trabajo. Los grandes beneficiarios son los antiguos y grandes propietarios, que obtienen plusvalías y facilidades para la modernización de sus explotaciones.

En cuanto a los pueblos, buena parte de estos eran pequeños, como el caso de San Jorge, planteando hoy en día problemas serios a sus habitantes que no alcanzan el número crítico suficiente para poder obtener una serie de equipamientos imprescindibles.

Estos se han visto sometidos a variaciones; algunos han visto aumentar su población, mientras que otros han perdido una parte de su población que ha fijado su residencia en pueblos cercanos de mayor tamaño que cuentan con toda clase de servicios. Esto hace que en algunos de estos pueblos haya casas vacías. Podríamos denominar esto un fracaso de la actuación del I.N.C.

Otro tema fue el emplazamiento de los pueblos. Se establecía entre los ingenieros que realizaban los planes generales de colonización y los arquitectos que los diseñaban. En algunos casos la localización de los mismos fue especialmente desfavorecedora. El caso más extremo fue el del pueblo de Puilato, en Zaragoza, que vio hundirse su suelo por la aparición de una falla, motivada por la irrigación de las zonas circundantes.

En conjunto, todo ha contribuido al incremento de la riqueza de estas regiones.

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