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Felipe II La Conjura de El Escorial

Lunes 28 de septiembre de 2009, por 01 Inmaculada Casado

España, siglo XVI. La Casa de los Mendoza goza del favor de Felipe II, lo que provoca el descontento de la Casa de Alba. Por si esto fuera poco, el Primer Ministro del rey, Antonio Pérez, está adquiriendo gran peso político en la corte, levantando suspicacias sobre sus verdaderas intenciones. Cuando el arrogante Juan de Escobedo descubre las intrigas palaciegas y amorosas de Antonio Pérez y Ana de Mendoza, Princesa de Éboli, se dan una serie de acontecimientos que ponen en jaque a la monarquía.

Hay muchos episodios de la historia de España que merecen tener una película, entre ellos el reinado de Felipe II. "La conjura de El Escorial" es un drama histórico, con tintes de thriller, que aborda las causas y consecuencias del asesinato de Juan de Escobedo el lunes de Pascua de 1577. Debajo de este suceso, intrigas palaciegas y amorosas, ambiciones políticas y dobles intenciones, tanto a favor, como en contra del reinado de un monarca en cuyos dominios (se decía) nunca de ponía el sol. El responsable de esta superproducción nacional es Antonio del Real, que cambia totalmente de registro después de hacernos reír con "Desde que amanece, apetece" o "La mujer de mi vida". El director se ha rodeado de los mejores escenógrafos del país para retratar la España del Renacimiento, con las artes a flor de piel, y la ostentación propia de toda corte palaciega. Como escenarios de lujo, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, la Catedral de Toledo o los Baños Árabes de Jaén.

Juanjo Puigcorbé da vida al mismísimo Felipe II, mientras que los británicos Jason Isaacs (Harry Potter) y Julia Ormond (Leyendas de Pasión) tejen la conjura como el astuto Antonio Pérez y la irresistible Princesa de Éboli, respectivamente. También intervienen Jürgen Prochnow (El código Da Vinci), Joaquim de Almeida (Bobby Z) y nuestro Jordi Mollá, cada vez más centrado en Hollywood.

Crítica

El cine histórico ha de tener, a juicio del que esto escribe, un doble objetivo: por un lado deslumbrar, entretener, invitar a la reflexión, por otro, no menos importante, invitar a la lectura de libros, enciclopedias, wikipedias o lo que proceda. Una buena película histórica es, a la vez, un índice de contenidos y una invitación al submarinismo en la historia. "La conjura de El Escorial" funciona bien en el segundo nivel y sólo regular en el primero. No es poco, al césar lo que es del césar. Del Real teje con esmero el colchón histórico de su película, asume licencias respetables y perfila un fresco orgánico de la España de Felipe II que se crece en los interiores cortesanos, en las iniquidades palaciegas, en los tejemanejes conspiratorios de la alta política y, en definitiva, en el cuadro costumbrista de la camarilla del Rey y sus inquietantes rutinas escurialenses.

Como cine historiado propiamente dicho "La conjura de El Escorial" es resultona por culpa de los vívidos colores del contexto. El guión ilustra en primer y en segundo plano las derivas crepusculares de un imperio en el culmen de su apogeo con notas a pie de página cuando procede, pincelando las aristas esenciales del tumultuoso período. Los traspiés resultan de la dramatización, torpe, propiamente dicha. Cuando Del Real abandona la crónica histórica para deslizarse por los límites del relato aventurero la película hace aguas, y cuando se sumerge sin contemplaciones en las profundidades del melodramilla romántico bucólico, hortera y forzosamente intercultural se oyen las alarmas de naufragio.

El director de "Desde que amanece apetece" ha querido tocar mil y un palos con el objeto de filmar una película neutra, idónea para todos los públicos. Y ése ha sido su gran error, porque las digresiones amorosas y espadachinas están incrustadas con calzador en un relato que pide a gritos un tempo más austero, un mimo mayor de las secuencias de interiores. De la cinta de Del Real, que colecciona algunas interpretaciones notables (gran Juanjo Puigcorbé y no menos bueno Jason Isaacs), interesan las sibilinas movidas de Antonio Pérez con el rey, los silencios complacientes del Duque de Alba, el maléfico pragmatismo de la Princesa de Éboli, y los injustificados e inventados roces entre Felipe y Juan de Austria. El apéndice romántico de postal entre el alguacil de los tercios y la criada morisca, los trotes justicieros del primero en plan caballero andante para poner los puntos sobre las íes, se relacionan con el resto de la película como el agua y el aceite.

De tal modo que la estimable dimensión artesanal del espectáculo (diseño de producción, vestuario...) y la voluntariosa y ágil historicidad del producto se pegan de bruces con los ardides novelescos del guión. Seguimos sin pasar de curso, como en "Alatriste" y "Los Borgia" el edificio se quiebra por culpa de una pesadísima descompensada dramaturgia. Ahora bien, los que auguraban un nuevo Puente de San Luis Rey (ese escandaloso bodrio histórico multinacional protagonizado por De Niro y Pilar López de Ayala), erraron en sus pronósticos. "La conjura de El Escorial" tiene, al menos, mimbres de película considerable.

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