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Fuentes textuales e iconográficas

Las ediciones de la obra de Dioscórides en el siglo XVI.

Por Aurora Miguel Alonso

Domingo 19 de abril de 2009, por 00 Konozer

El tratado Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos, es el libro científico probablemente más utilizado en nuestro país durante los siglos XVI al XVIII. Su autor, Dioscórides, un médico griego del siglo I, su comentarista y traductor Andrés Laguna, un humanista español del siglo XVI, médico viajero, asiduo traductor de libros de medicina griega, gran conocedor de las lenguas clásicas. ¿Por qué esta obra mantuvo su actualidad durante tres siglos, hasta el punto de que, todavía en el siglo XVIII era obligatoria su consulta para los boticarios españoles? ¿Qué incorporó Laguna a una obra de la Antigüedad clásica para que, dieciséis siglos después, siguiera siendo útil en la terapéutica y preparación de medicamentos? La obra de Andrés Laguna, o si se quiere ser fiel al espíritu original, de Dioscórides-Laguna, supuso sin duda para el estudioso renacentista novedosas aportaciones que la hacen insustituible durante siglos, como son:

a) La primera traducción al castellano, directamente del griego, de un clásico consultado ininterrumpidamente en toda el área mediterránea desde su aparición: mundo grecorromano, Bizancio, Islam y Occidente cristiano.

b) Los comentarios incorporados por Andrés Laguna, cuya amplitud y profundidad convierten a esta obra en el primer tratado moderno publicado en España de materia médica, definida en la actualidad como el estudio de las materias primas y de las sustancias con propiedades terapéuticas de origen natural1.

c) Un corpus iconográfico de las principales plantas y minerales con efecto terapéutico hasta entonces conocidas, 648 xilografías que complementan al texto y que facilitan al lector la identificación de cada planta. Y por último,

d) Un glosario multilingüe de nombres de plantas, de hasta doce lenguas, imprescindible para que los lectores de diversos países pudieran reconocer con facilidad la planta descrita, y que propició el asentamiento de la nomenclatura botánica en nuestro idioma.

Cualquiera de estos elementos podrían haber sido publicados por separado, y habrían tenido sin duda un gran éxito. Los cuatro elementos unidos convierten la obra en algo único de difícil superación para su época. Sólo a partir del siglo XVIII, con el renacimiento cultural y tipográfico propiciado en nuestro país por los Borbones, el médico español Francisco Suárez de Ribera se plantea la actualización de la obra de Laguna. E incluso en 1962, el prestigioso botánico catalán Pío Font Quer organiza su obra Plantas medicinales: el Dioscórides renovado siguiendo básicamente la fórmula, tan lograda, de Laguna, y reconoce en el prólogo a la primera edición, su deuda con el médico segoviano:

«Queríamos dar descripciones acabadas de las especies medicinales [...] pormenores detallados de las condiciones en que medra la planta y de las localidades en que se cría [...] relación de los principios curativos y de su localización en el vegetal; datos, lo más completos sobre sus virtudes; para terminar con la historia de la planta en sus relaciones con el arte de curar, por lo menos a partir de Dioscórides, y tomando del de Andrés de Laguna cuanto de profundo o gracioso contiene este famoso autor renacentista»2.

La filiación de esta obra con la publicada por Andrés Laguna la reconoce un autor tan prestigioso en el campo de la historia de los herbarios como es Frank J. Anderson3. Y en la actualidad la obra de Font Quer es de nuevo la más utilizada en las facultades españolas de Farmacia y Biología para que los estudiantes localicen o describan las plantas medicinales de nuestro entorno geográfico. Se puede decir por tanto que la actualidad del Dioscórides-Laguna sigue vigente.

En este trabajo estudiamos la edición de Salamanca, 1563, tanto del texto como de las ilustraciones que le acompañaron, tratando de responder a tres cuestiones que, en conjunto, van a darnos una visión global de la relevancia de la obra en el contexto de la historia cultural, tipográfica e iconográfica de la época.

1.º, las ediciones de la obra de Dioscórides en el primer siglo de la imprenta.

2.º, las ilustraciones de los herbarios renacentistas hasta 1555.

3.º, la descripción de la obra Acerca de la Materia medicinal de Andrés Laguna, y la historia de sus ediciones en Flandes y España. Fuentes textuales e iconográficas.

Las ediciones de la obra de Dioscórides en el primer siglo de la imprenta Dioscórides vivió en el siglo I d.C. y fue originario de Anazarba, cerca de Tarso, en la provincia romana de Cilicia, y en la actualidad Anabarza o Aïn Sarba en Turquía. Los únicos elementos biográficos que conocemos son los que refiere el mismo autor en el prefacio de la obra. Desde su juventud estuvo interesado en la terapéutica; viajó durante toda su vida gracias a su relación con el ejército romano, por lo que conoció buena parte del Imperio; probablemente estudió medicina en Tarso, sede de una importante Escuela y debió de frecuentar también la Escuela de Alejandría en la que se formaron numerosos médicos griegos de la época alejandrina, romana y bizantina.

La obra de Dioscórides, Plantas y remedios medicinales (Peri hyles iatrikes) es un amplio tratado en el que se describen cerca de 700 plantas, animales y minerales con sus propiedades terapéuticas, analizando sus principios activos. El mismo autor advierte en el prefacio que su obra se distingue de las precedentes en tres hechos fundamentales: es exhaustiva para la época; las entradas no se organizan alfabéticamente sino que se clasifican según sus propiedades; y ha tratado siempre de transmitir sus conocimientos basados en una observación y experimentación personal y directa de los fármacos estudiados.

El tratado se difundió y se impuso rápidamente por toda el área mediterránea, primero en Bizancio, y a partir de aquí, en los países dominados por el Islam y en el Occidente medieval. Desde el primer momento los manuscritos más bellos se enriquecieron con miniaturas que representaban las plantas y animales estudiados, pinturas que también ejercieron una poderosa influencia en las culturas posteriores.

A lo largo de toda la Edad Media, la Materia medicinal de Dioscórides se conoció en las tres lenguas científicas utilizadas en uno u otro momento en el Occidente medieval: el texto griego, difundido sobre todo desde la Italia bizantina; el texto latino, traducido desde el original griego en Italia del Sur y África del Norte a partir del siglo VI; el texto árabe, traducido en Bagdad en el siglo IX y transmitido a Occidente a partir del califato de Córdoba en el siglo X; y el texto latino traducido del texto árabe preferentemente en Italia del Sur, a finales del XI o principios del XII. Estas múltiples formas de transmisión textual dieron lugar a una gran diversidad de manuscritos en los que se habían incorporado numerosas variantes, interpolaciones y corrupciones que hacían casi irreconocible el texto original.

Durante el siglo XV, el movimiento humanista italiano, que se inició ya en las últimas décadas del siglo XIV, gusta de recuperar los textos de la Antigüedad. La descomposición del Imperio bizantino y su caída en 1453 supuso que numerosos estudiosos griegos emigraran a Italia, llevando en sus bibliotecas manuscritos de la Materia medicinal de Dioscórides, por lo que la obra, conocida en Occidente a través de manuscritos poco fieles al texto primitivo, empieza a ser mejor conocida. Varios ejemplares de este tratado entran en la Biblioteca del Vaticano, en las bibliotecas de nobles italianos, como la de los Medici en Florencia, la de los Montefeltro en Urbino, o la biblioteca de la República de Venecia, o en bibliotecas privadas de humanistas como Ermolao Barbaro o Giorgio Valla. En este momento, sólo consta que existiera un manuscrito griego de la Materia medicinal fuera de Italia, y es en la colección real de Matías Corvino, rey de Hungría, destruida en 1526 durante un ataque de los turcos a la ciudad de Buda.

Algunos de los grandes humanistas italianos de fines del siglo XV consultan estos manuscritos, o los mandan copiar, conservándose en la actualidad con anotaciones marginales y comentarios que les identifican. Como un ejemplo expresivo, podemos citar el manuscrito conservado en la Biblioteca Ambrosiana de Milán (Ambrosianus L 119 sup), copiado hacia 1480 en Venecia o Corfú, en el que aparecen anotaciones marginales del filólogo y patriarca de Venecia Ermolao Barbaro. El destacado humanista preparó con éste y otros manuscritos una traducción latina, a la que añadió comentarios de interés botánico, que permaneció inédita a su muerte. Posteriormente la traducción fue publicada, corrigiéndola, por Giovanni-Battista Cipelli en Venecia, 1516 y Colonia, 1530. Sin duda aprovechó también para esta edición un manuscrito de Dioscórides que se conserva en la Biblioteca Apostólica Vaticana (Vaticanus Palatinus Graecus 48), copiado a fines del siglo XV, y que consta fue de su propiedad. Los comentarios de Barbaro, que también permanecían inéditos, fueron a su vez utilizados por el alemán Otto Brunfels para su edición de Estrasburgo, 1529. Hasta que, a finales del siglo XVI (1598) el texto de Dioscórides se consideró fijado, la búsqueda, consulta y copia de sus manuscritos fue imprescindible para la realización de nuevas ediciones.

Ediciones griegas y bilingües

La relación de ediciones impresas de la Materia medicinal se debe iniciar por su editio princeps en 1499. A partir de esta fecha, los intelectuales e impresores interesados tratan de dar a conocer el texto de Dioscórides con la mayor fidelidad posible, por lo que fue necesario hacer un verdadero trabajo de edición crítica para reconstruir el original salido de sus manos, ya que eran abundantes las variantes textuales que se habían ido incorporando a lo largo de los catorce siglos transcurridos desde la redacción del texto. Los editores tratan de mejorar cada vez más el texto del tratado, no sólo por la consulta de nuevos manuscritos aparecidos, sino también y muy especialmente por la utilización de las traducciones, comentarios y estudios que a lo largo del siglo XVI fueron apareciendo, lo que permitía un conocimiento progresivamente más profundo de la Materia medicinal.

La edición príncipe de la obra de Dioscórides se publicó en Venecia. Era el lugar propicio. Su editor Aldo Manucio fue uno de los humanistas-impresores más importantes de todos los tiempos, y que más huella ha dejado en la historia de la cultura. Su labor de impresor no se limitó a organizar y financiar el trabajo de las prensas, sino que reunió en su casa a un grupo de intelectuales entre los que se encontraba Erasmo, para que compartieran con él las tareas de seleccionar manuscritos, fijar el texto, corregir pruebas, todo dirigido a conseguir la edición más fiel y pulcra posible.

Aldo Manucio se instaló en Venecia precisamente por la cercanía con el antiguo Bizancio, ya que estaba interesado en iniciar la edición de una colección de autores griegos en versión original. Contaba allí con alguna de las mejores bibliotecas especializadas en manuscritos bizantinos y con especialistas griegos procedentes de Constantinopla. La cercanía de la Universidad de Padua y su famosa Facultad de Medicina también propició la publicación de una obra fundamental para el estudio de los simples. Aldo inicia la colección de clásicos griegos en 1495, dando a la luz, y sin contar con reediciones, hasta 43 obras y 54 volúmenes de autores griegos, la mayor parte de ellos, por primera vez.

La edición del Pedacii Dioscoridis de materia medica libri sex salió acompañada de las obras de Nicandro de Colophon Theriaca y Alexipharmaca. Para fijar el texto de esta obra utilizó un manuscrito que se encuentra hoy en la Biblioteca Marciana de Venecia, el Marcianus Venetus 271 (v), s. XV4. Es de destacar que en esta primera edición ya se incorpora al nombre de Dioscórides, erróneamente, el cognomen de Pedacio, confundiendo a nuestro autor con un homónimo del siglo I a.C., que vivió en Egipto durante el reinado de Cleopatra.

En 1518 la primera edición aldina estaba agotada, por lo que se inicia la preparación de una nueva edición, cuando ya Aldo Manucio había fallecido (1515). La llevó a cabo Gian-Francesco d’Asola (Asulano), yerno de Aldo Manucio, y Geronimo Roscio, médico y profesor de Padua. Esta vez se incorporan variantes de un manuscrito copiado en Constantinopla durante el siglo XIV, propiedad de Nicolao Leonico Tomeo, profesor de la Universidad de Padua, y que en la actualidad se localiza en la Biblioteca Apostólica Vaticana (Vaticanus Palatinus graecus 77).

Las tres ediciones posteriores, las que se publicaron antes de la traducción de Laguna, se editaron fuera de Italia, si bien siguieron de cerca el texto fijado por la segunda edición aldina, a la que incorporaba las variaciones y correcciones basadas en otros manuscritos, buscando siempre un progresivo acercamiento al original. La edición de Colonia, 1529, fue realizada por el orientalista Johannes Heyl (Soter) y fue la primera bilingüe griego-latín. Utiliza un manuscrito de la Biblioteca de los Medici, en Florencia (Laurentinus, 74, 23) y para la versión latina utiliza la editada en Florencia, 1518, con comentarios de Marcello Virgilio Adriani.

Se considera la cuarta edición la llevada a cabo por Johannes Haynpol (Janus Cornarius), profesor de Medicina de varias universidades alemanas, y realizada en Basilea, 1529. Reproduce también el texto de 1518, si bien, de nuevo, incorpora modificaciones.

La quinta edición es la segunda bilingüe, dirigida por Jacques Goupys, médico y profesor de la Universidad de París, e impresa en París en 1549 por dos imprentas distintas: Viuda de Arnaud Birkmann y Pierre Haultin. De nuevo el texto griego es el de Aldo Manucio y el latino, en este caso, es el de Jean Ruelle, publicado por primera vez en París, 1516, añadiéndole correcciones y comentarios, por tratarse de un texto considerado ya obsoleto.

La sexta edición, finalmente, fue preparada por un médico de origen húngaro Janos Zsámboky (Johannes Sambucus), para su publicación por Henri II Estienne en Ginebra, pero no se llevó a término, por lo que la retomó Jean Antoine Sarasin (Saracenus), editándola en Francfurt, 1598. Se ha localizado en la Biblioteca Nacional de Viena el manuscrito utilizado por Sambucus (Vindebonensis medicus graecus 14) anotado con las variantes de otros ejemplares, y la edición impresa de París, 1549 (quinta edición) anotada también por el propio Sambucus con variantes al margen de los manuscritos consultados y las correcciones y comentarios al fin del texto. Este ejemplar impreso se conserva también en la Biblioteca Nacional de Viena.

El texto griego de la Materia medicinal permaneció invariable a partir de esta edición, hasta que Kurt Sprengel dio a la luz su edición greco-latina en Leipzig, 1829-1830, dentro de la colección titulada Medicorum graecorum opera5. M. Wellmann, en 1906-1914, reimpr. 1958, estableció el texto que en la actualidad se considera más fiel al original. Muy recientemente, Manuela García Valdés (1998) ha traducido al castellano la obra de Dioscórides, facilitando sin duda su lectura a un amplio espectro de interesados.

Traducciones latinas

Todas estas ediciones fueron conocidas sin duda por Andrés Laguna. Su vida itinerante por Europa a lo largo de veinte años, sus estudios juveniles en París, donde conoció a Ruelle, Gesner, Jarava, su deambular por Flandes y Alemania, su fructífera estancia en Roma y Venecia, sirvieron para contactar con muchas personas que mantenían sus mismas inquietudes intelectuales, y con quienes sin duda intercambió opiniones respecto a sus publicaciones y a la evolución que el texto de Dioscórides iba teniendo en las sucesivas ediciones. Incluso mantuvo criterios discrepantes en diversos puntos del texto, ya que, cuando él inició su traducción al castellano, prefirió trabajar sobre textos manuscritos a los que había tenido acceso durante su estancia en Italia.

Se ha considerado como la editio princeps de la versión latina de la Materia medicinal la versión que, en julio de 1478, publicó en Colle di Val d’Elsa (Toscana, Italia) Joannes de Medemblick, con reedición en Lyon, 1512. En realidad, este impreso estaba basado en un conocido compendio farmacológico, el Dyoscorides, redactado en la Escuela de Salerno, y en el que, al texto refundido de Dioscórides y organizado alfabéticamente, se le sumaron adiciones de Gargilius, Martialis, Pseudo-Apuleyo, Pseudo-Oribasio, Isidoro, Galeno y otros6. La edición incunable fue publicada con comentarios de Pietro d’Abano, profesor de Padua y conocido médico escolástico del siglo XIV.

La ordenación alfabética del texto de Dioscórides se introduce muy pronto en muchos de los manuscritos conservados, por su mayor comodidad para la consulta y para la incorporación de nuevas entradas por los copistas y comentadores, lo que desemboca a su vez en un texto cada vez más alejado del original. En realidad, a fines de la Edad Media, el texto de la obra de Dioscórides en las traducciones latina y árabe, está totalmente desfigurado, y ya no reúne las condiciones ni correspondía a las nuevas exigencias de la ciencia y de su nomenclatura, por lo que se trató de redactar una nueva versión latina basada en los manuscritos que se consideraban más fidedignos con el texto original.

Esta traducción latina ya no iba destinada únicamente a aquellos pocos intelectuales deseosos de conocer las obras de la Antigüedad clásica. Diferentes grupos profesionales necesitan también conocer la obra de Dioscórides pero no dominaban el griego, como profesores de medicina y de simples, médicos, boticarios y cultivadores de la incipiente botánica. Por ello las diversas versiones que se publican en el siglo XVI, no se limitan normalmente a traducir el tratado de la Materia medicinal, sino que lo acompañan de interpretaciones y comentarios de interés botánico y farmacológico. Más importante todavía, tratan de facilitar las identificaciones de las plantas, acompañándolas de descripciones muy detalladas, glosarios de sinónimos de las más variadas lenguas, y con ilustraciones coloreadas a mano para acercar aún más la representación al espécimen natural. La conjunción de estos elementos: descripción de la planta, comentario farmacológico, glosario e ilustración llevaron a la Materia medica medieval, sin apenas evolución desde la Grecia clásica, a la botánica y la farmacología modernas.

Las ediciones de la versión fueron muy numerosas a lo largo del siglo XVI. Anteriormente hemos citado algunas al comentar las bilingües greco-latinas, por lo que vamos a limitarnos a aquellas que más pudieron influir en la posterior traducción de Andrés Laguna.

La primera edición fue la que llevó a cabo Jean Ruelle en París, 1516. Ruelle era profesor de medicina de París y gran amigo del humanista y bibliotecario Guillaume Budé. Andrés Laguna lo conoció como profesor en su estancia en París, y consta que siguió sus publicaciones con enorme interés. En su edición sigue el texto de la primera edición aldina, la única que se había publicado hasta entonces. La traducción de Ruelle se publica una veintena de veces a lo largo del siglo XVI, si bien fue mejorada progresivamente por los diferentes editores que la utilizaban para su publicación. Se abandonó definitivamente en 1598, por la edición bilingüe de Saracenus.

Para el conocimiento de la difusión del Dioscórides en España, es importante resaltar la edición que Antonio de Nebrija publicó en Alcalá en 1518, a la que el profesor complutense añadió un lexicon con la correspondencia en castellano de los nombres griegos y latinos de las plantas recogidas en el texto. Este glosario fue sin duda conocido por Andrés Laguna, y fue utilizado para su traducción del Dioscórides, pues lo cita en diversas ocasiones7.

Anteriormente hemos mencionado la edición latina de Otto Brunfels, Estrasburgo 1529, basada también en la versión de Ruelle, a la que incorpora los comentarios de Ermolao Barbaro y Marcello-Virgilio Adriani. Otto Brunfels es un autor clave para conocer los inicios de la botánica moderna y su imbricación con la obra de Dioscórides, por lo que volveremos a considerarlo más adelante.

En 1543 dos impresores, Johann Schott de Estrasburgo y Christian Egenolph de Francfurt, publican la versión latina de la Materia medicinal con ilustraciones que aprovechan de los herbarios publicados con anterioridad también en Alemania. Esto contribuye decisivamente a que estos dos tipos de documentos de interés botánico del siglo XVI se acerquen cada vez más, hasta su práctica fusión en obras como las publicadas por Laguna y Mattioli.

Y es en 1546, cuando de nuevo un español entra en contacto con la obra de Dioscórides. Recientemente González Echevarría ha descubierto un ejemplar de la Materia medicinal en versión latina e impreso en Lyon, Theobaldus Paganus, 1546 (al fin: 1547). Después de intensas investigaciones concluye que esta edición, citada ya por Touwaide8 como de comentarista anónimo, fue editada por Miguel Servet, quien incorporó a la traducción de Ruelle «20 "annotationes", 227 notas marginales y cuatro índices» 9. Desde 1540, Miguel Servet había firmado diversos contratos con libreros lyoneses como corrector de pruebas de imprenta para textos en latín, hebreo y griego, dado el perfecto conocimiento de estas lenguas por el autor de Sigena, y éste pudo ser uno de sus productos.

Andrés Laguna publica en 1554 sus Annotationes in Dioscoridem Anazarbeum, lo que fue sin duda un trabajo preliminar para su obra definitiva sobre la Materia medicinal. En este trabajo apunta numerosas correcciones a la obra de su maestro, ya fallecido. Sus anotaciones se basan, él mismo nos lo dice en la Epístola nuncupatoria de su edición del Dioscórides, en el cotejo con manuscritos griegos, que posiblemente no habían sido utilizados para ninguna edición anterior.

Este mismo año, Pietro Andrea Mattioli publica en Venecia, 1554, la traducción al latín de su anterior versión italiana de la obra de Dioscórides, y utiliza también la versión de Ruelle, si bien ya muy corregida y actualizada.

Traducciones en lenguas vernáculas

Las traducciones a lenguas «vulgares» se iniciaron más tardíamente. Excepto la realizada aisladamente al flamenco (1520), sólo empezaron a publicarse a partir de los años 40: en italiano (1542), alemán (1546), francés (1553) y español (1555). El abanico de los lectores se amplía para estas ediciones. La traducción sigue siendo cuidada, ya que la realizan personas casi siempre conocedoras del griego y del latín, pero adquiere una importancia mucho mayor los comentarios, hasta el punto de que, normalmente, éstos superan con mucho el espacio ocupado por el texto original. Mayoritariamente las ediciones en lenguas vernáculas se presentan con un amplio aparato iconográfico. Los lectores potenciales ya no son exclusivamente profesores de universidad o médicos, sino cualquier persona medianamente cultivada que desea profundizar en el mundo de las plantas medicinales, la flora de una región o la terapéutica. Una vez más tenemos que insistir en que cada nueva edición, ya fuera en griego, latín, o en lenguas vernáculas, eran profundamente conocidas por los autores de ediciones posteriores, por lo que no es posible entender una edición concreta sin consultar las anteriores. De nuevo, citaremos aquí únicamente las principales ediciones en cada lengua anteriores a 1555.

La primera edición italiana se publica en Venecia, 1542. La traducción es de Fausto Sebastiano, autor también de otras traducciones al italiano de obras clásicas, tanto griegas como latinas. Dos años más tarde, 1544, Pier Andrea Mattioli publica su primera edición en italiano de sus conocidísimos e influyentes comentarios a la Materia medicinal. Se llegaron a publicar hasta treinta ediciones sólo en el siglo XVI, lo que oscureció en parte la labor de otros comentaristas. Su carácter «irascible», como lo caracteriza H. Leclerc10 le lleva a polemizar agriamente con varios de sus coetáneos, defendiendo siempre la primacía de su obra.

La traducción al francés de la Materia medicinal la llevó a cabo Martín Mathée en 1553, también en Lyon, siendo impresor Barthasar Arnoullet. Y llegamos ya a la publicación de la obra que estamos comentando. En 1555, Andrés Laguna publica su obra Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos, publicada por primera vez en Amberes, en la imprenta de Juan Lacio, seguida de cuatro ediciones en Salamanca y seis en Valencia durante el siglo XVII. En la última parte de este trabajo analizaremos con más detalle la historia de estas ediciones.

La ilustración botánica renacentista. Su evolución durante la primera mitad del siglo XVI Si la obra de Andrés Laguna ejerció una importante influencia en el mundo culto de su tiempo, y hasta prácticamente nuestros días en el área hispánica, no fue solamente por su traducción de la Materia medicinal y sus sabrosos comentarios. Parte de su éxito se debe sin duda al espléndido aparato iconográfico que acompaña al texto y que lo convierte en una ayuda imprescindible en el momento de la herborización o la clasificación de las especies vegetales por el botánico o el boticario.

El estudio del corpus iconográfico de la obra de Laguna necesita mucho más espacio del que podemos aquí dedicar. Se han hecho estudios puntuales sobre la dependencia de los grabados de esta edición respecto a otras coetáneas, como la de Pier Andrea Mattioli o Leonhart Fuchs. En esta introducción hemos preferido, como en el apartado anterior, resaltar los momentos evolutivos fundamentales en la ilustración botánica renacentista, para poder encuadrar mejor el estudio de la ilustración xilográfica de nuestra edición del Dioscórides.

Para comprender mejor lo que significa en un tratado de botánica de cualquier época una adecuada ilustración, nos ha parecido sugerente volver a la época de Dioscórides, y leer en la Historia natural de Plinio las dificultades que se encontraron en el mundo clásico para la descripción de plantas, al no contar con unas posibilidades de transmisión iconográfica, múltiple e idéntica en todas sus copias, como es el grabado.

Según Plinio,

«Hay algunos autores griegos que han tratado este tema [la botánica]. Entre ellos, Crátevas, Dionisio y Metrodoro han utilizado una fórmula muy seductora, pero que no hace más que demostrar la dificultad con que tropezaron. En efecto, han reproducido las plantas en colores y han escrito debajo sus efectos. Pero la pintura misma es engañosa, pues los colores son muy numerosos, sobre todo si se quiere rivalizar con la naturaleza, y está demasiado alterada por los diversos azares de la copia. Además, no es suficiente pintar cada una de las plantas en un periodo único de su vida, puesto que cambian de aspecto con las cuatro estaciones del año.

De ahí que otros autores hayan dado una simple descripción, algunos incluso, sin describirlas, han mencionado generalmente sus nombres sin más, creyendo que era suficiente indicar las propiedades y la eficacia de las plantas de las que se ocupan en su investigación»11.

Y sigue en el capítulo 10 de este mismo libro: «La hierba más antiguamente descubierta es la paeonia, que conserva el nombre de su inventor; algunos la llaman pentorobos, otros glycysidé, pues es una dificultad adicional que una misma planta lleve diferentes nombres en los diferentes países».

Los botánicos griegos comprendían la necesidad de ilustrar sus escritos para hacerlos más inteligibles. Con este fin incluyeron en sus manuscritos ilustraciones coloreadas; pero los métodos con que contaban impedía su reproducción completa y exacta, por lo que inevitablemente los sucesivos copistas iban incorporando progresivas distorsiones. Las ilustraciones, en lugar de resultar una ayuda, se convirtieron en un obstáculo para la claridad y precisión de sus descripciones textuales, por lo que los botánicos griegos renunciaron al uso de ilustraciones en sus tratados e intentaron hacerlo lo mejor posible sólo con palabras. Pero, con el exclusivo recurso de la palabra, resultaba imposible describir sus plantas de modo que pudieran ser reconocidas, pues las mismas cosas recibían nombres diferentes en los distintos lugares. De ahí que, finalmente, los botánicos griegos renunciaran incluso a describir sus plantas verbalmente y se contentaron con enumerar todos los nombres que conocían de cada planta, así como las dolencias humanas para las que resultaban beneficiosas. En otras palabras, se produjo un complejo colapso de la descripción y el análisis científico en cuanto éstos quedaron confinados a las palabras sin imágenes ilustrativas12.

La ilustración de los libros científicos con grabados de fácil multiplicación, a partir del descubrimiento de la imprenta, significó que los científicos contaran por fin, especialmente los dedicados a las ciencias descriptivas, con la posibilidad de complementar sus escritos con imágenes de lo descrito, exactas al dibujo original, y cuantas veces se quisiera. Esto posibilitó la discusión científica y el intercambio de ideas entre los estudiosos de cualquier país, desembocando a su vez en el nacimiento de la ciencia moderna en el siglo XVII. La conjunción del libro impreso y de la estampa científica ha de considerarse como uno de los factores decisivos para el avance de la ciencia moderna.

Si nos centramos ahora en el campo de la historia natural, en los temas iconográficos de los primeros años de la imprenta, pervivió una deuda que se enraíza en la Antigüedad clásica, a través de manuscritos medievales en los que se copian temas de códices alejandrinos y de la primera Edad Media. Los herbarios, bestiarios y lapidarios medievales reproducían mecánicamente representaciones de plantas, animales y objetos inanimados sin que, en muchas ocasiones, el artista ni siquiera los hubiera visto en la naturaleza, ya que el texto antiguo que transcribía describía especies que no existían en su entorno.

A finales del siglo XV y comienzos del XVI, diversos artistas renacentistas se esfuerzan por representar cada vez con más precisión la naturaleza. Quizá el primero de todos fue Leonardo da Vinci, pero en el mundo germánico, donde la imprenta y el grabado se desarrolló y tuvo un espléndido periodo, el artista más influyente fue sin duda Durero. Esta circunstancia es también la que hace que sea en Alemania donde la ilustración botánica evoluciona más rápidamente. Peter Schöffer, impresor socio de Gutenberg, inicia en 1584 la publicación de una serie de obras, de gran éxito editorial, en las que se reúne la descripción y reproducción gráfica de un grupo de plantas medicinales. El primero de los herbarios, el llamado Herbarius latinus, está profusamente ilustrado con numerosas xilografías de plantas, copiadas de antiguos manuscritos medievales.

Un año más tarde, en 1485, Schöffer da un paso adelante en busca de la credibilidad de sus tratados, tanto en el texto como en las ilustraciones, y edita un nuevo herbario, esta vez en alemán, el Gart der Gesundheit, cuyas ilustraciones, hermosas y bien dibujadas, supusieron una inflexión en la historia de la ilustración botánica. En el prólogo nos comenta el artista anónimo los pormenores de la gestación de este impreso:

«Hice que empezara este encomiable libro un maestro versado en Medicina, quien a instancias mías reunió en un libro las virtudes y la naturaleza de muchas hierbas consultando a estimados maestros de la medicina, Galeno, Avicena [...] y otros. Y cuando ya estaba a la mitad del trabajo de dibujar y pintar las hierbas, reparé en que, salvo de oídas, no podría dibujarlas con sus auténticos colores y formas. Por lo tanto, dejé sin terminar el trabajo que había empezado y colgué la pluma hasta que hube recibido gracia y dispensa para ir al Santo Sepulcro [...] Y llevé conmigo a un pintor de talento y mano sutil y experimentada [...] Al atravesar estos reinos y tierras, aprendí diligentemente las hierbas que en ellos había, y las pinté y dibujé con sus auténticos colores y formas. Y después, cuando, con la ayuda de Dios, regresé a tierra alemana y a mi casa, el gran amor que sentía por este trabajo me movió a terminarlo [...] Y a fin de que sea de utilidad para los cultos y los legos, lo he redactado en alemán»13.

El Gart der Gesundheit es pues el primer relato impreso e ilustrado con dibujos hechos del natural, resultado de un viaje emprendido con una finalidad científica. Se ha especulado sobre si el autor de las ilustraciones fuera Erhard Rewich, que por esos mismos años acompañó a Bernard von Breydenbach para redactar el libro Peregrinatio in Terram Sanctam, otra de las joyas bibliográficas de Peter Schöffer, editado en 148614.

A la publicación de los herbarios de 1484 y 1485 siguió la de otros muchos en diversos lugares de Alemania. Y la mayoría fueron ilustrados con copias de las xilografías de los dos primeros, a veces copias de segunda y hasta de tercera mano, por lo que se produjo un continuo aumento de la distorsión representativa.

El retorno a la naturaleza en la ilustración botánica se consolida de una manera esplendorosa sólo veinticinco años más tarde. En 1530 Otto Brunfels publicó en Estrasburgo el primer tomo de su tratado Herbarium vivae eicones, el primero de una serie de herbarios de los países de la Europa Central, en los que, admitiendo la autoridad de Dioscórides, incorporan de una forma progresiva la descripción de nuevas plantas de la región en que viven. Otto Brunfels nació en Maguncia en 1489, y posiblemente su afición a la botánica la adquirió a través de los bellos herbarios impresos en esa ciudad a finales de siglo. En 1521 se convirtió al luteranismo, circunstancia que comparte con buena parte de los naturalistas centroeuropeos. Fue maestro en Estrasburgo, y sólo al final de su vida se dedica a la medicina. Tan importante como el texto compilado por Brunfels, son los dibujos de Hans Weiditz, uno de los grabadores más importantes del momento, de la escuela de Durero, que fijó nuevas fórmulas de veracidad y belleza para los herbarios impresos. Los dos primeros tomos de la obra se publicaron en Estrasburgo en 1530 y 1532; el tercero en 1536, cuando ya Brunfels había fallecido. Fue traducido al alemán a partir de 1532.

Otto Brunfels había publicado en 1529 una traducción latina de la Materia medicinal, que ya hemos reseñado en el apartado anterior. El Herbarium vivae eicones se puede considerar pues como una publicación complementaria, ya que en ella nos presenta la descripción de buena parte de las plantas descritas por Dioscórides, a las que añade su representación gráfica, así como un número importante de especies botánicas de su entorno geográfico, descritas por primera vez. El interés que despertaron las ilustraciones del Herbarium hizo que su mismo impresor, Johann Schott publicara, en 1543, la obra de Dioscórides con inclusión de ilustraciones, bajo el título In Dioscoridis historiam Herbarum certissima adaptatio. Para esta edición aprovechó buena parte de los grabados utilizados diez años antes en la obra de Brunfels. También en 1543, el impresor de Francfurt Christian Egenolff, que ya había sido denunciado y condenado por utilizar grabados propiedad de Schott para la edición de otro herbario, publicó otro Dioscórides ilustrado, y en él utilizó de nuevo dibujos originarios del herbario de Brunfels15.

Pero quizá la obra que más influyó en el establecimiento de unas pautas científicas para la ilustración botánica fue la de Leonhart Fuchs, nacido en Wemching, Schwabaden, en 1501, y autor de la obra De historia stirpium, en la que se incorporan al menos cien plantas nuevas de la zona alemana. Las plantas se organizan alfabéticamente, con índices de nombres en griego, latín, alemán y en el latín «bárbaro» que utilizaban los médicos y boticarios para denominar las plantas. Su repercusión en la ciencia botánica se ha comparado con la que supuso para la anatomía las ilustraciones de De humani corporis de Vesalio, publicado también en Basilea, o la Historia animalium de Conrad Gesner para la zoología, en Zurich.

Fuchs concedió una gran importancia a las ilustraciones, marcando nuevas fórmulas en el trabajo del grabado botánico. A diferencia del herbario de Brunfels, en el que se intenta captar la planta en sus detalles más concretos, las ilustraciones de Fuchs nos dan ante todo representaciones cuidadosamente esquemáticas de lo que se considera formas genéricas, incorporando a veces incluso en una misma ilustración distintos estadios de la planta para su mejor conocimiento. Se intenta también conseguir una mayor claridad descriptiva, por lo que las líneas son muy finas, para facilitar el coloreado a mano, y se evita también el sombreado. Los problemas planteados por Plinio empiezan a resolverse.

La edición latina apareció en Basilea, en tamaño folio, 1542, y con ilustraciones a toda plana, y sólo un año más tarde se publicó en alemán. En 1545, el mismo impresor Isingrin inició la publicación de ediciones más ligeras en formato octavo y con el texto reducido, o sólo con los índices de las plantas en varios idiomas16. Esta fórmula la copió rápidamente Christian Egenolff, de Francfurt.

Las ilustraciones de Brunfels y Fuchs se extendieron por toda Europa. Sus numerosas ediciones, con traducción a diversos idiomas, y la publicación de icones -publicación de una colección de grabados, sin incorporación del texto- hizo que llegaran a todos los rincones. A partir de este momento, buena parte de los tratados botánicos y ediciones de Dioscórides copian sus ilustraciones, hasta que, en una fecha tan reciente como 1774, fueron incluidas por última vez en la obra de Salomon Schinz Anleitung zu der Pflanzenkenntniss17.

Resulta de especial interés para el contexto cultural español la traducción al castellano, en 1557, de la obra de Fuchs por el español Juan Jarava, médico y compañero de Andrés Laguna en su estancia en París. Se publica en Amberes con el título Historia de yervas y plantas. López Piñero (1994), en su obra sobre esta edición, ha demostrado que parte de los tacos utilizados, procedentes de la edición original, fueron también aprovechados, o al menos sus dibujos, en la Materia medicinal de Andrés Laguna.

Como último ejemplo de los herbarios del área germánica, es necesario citar el de Rembert Dodoens, ya que se publicó también en Amberes, un año antes de la publicación del Dioscórides de Laguna. Se escribió originariamente en flamenco, Cruydebeock, Amberes, 1554, y añade hasta trescientas plantas no descritas hasta el momento, organizando sus descripciones por propiedades y no por orden alfabético. Andrés Laguna entró en contacto con él en su estancia en Flandes, mientras preparaba la edición de su obra, y reconoce haber recibido información suya en diversas ocasiones. La obra fue traducida al francés por Charles de l’Ecluse, y en 1583 salió una nueva edición, esta vez en latín, publicada por Nicolás Plantino.

Y llegamos ya a la obra de la que Andrés Laguna tomó buena parte de sus ilustraciones, y que por ello comentaremos en el apartado siguiente, los Commentarii... Pedacii Dioscoridis de materia medica de Pier Andrea Mattioli, 1554.

La obra Acerca de la Materia medicinal de Andrés Laguna, y sus fuentes textuales e iconográficas. Historia de sus ediciones en Flandes y España Andrés Laguna fue, en el campo de la ciencia del siglo XVI, una de las figuras españolas más relevantes; formó además parte de la corte del emperador Carlos V, entró en la casa del cardenal Mendoza y fue médico del papa Julio III. Son muy pocos los datos que se conocen sobre su persona o su actividad. Todavía se especula sobre la fecha de su nacimiento y muerte, o el lugar de su fallecimiento. Apenas se conservan documentos autógrafos. En realidad, prácticamente todo lo que se sabe de él es lo que él mismo nos ha dicho de su persona y de su actividad como médico y como intelectual, y precisamente en diversos lugares de la obra que estamos comentando, bien en los preliminares y apéndices, bien en los mismos comentarios. Es por lo que tendremos que acudir constantemente a las diferentes partes de la obra para conocer los avatares de su propia publicación.

Descripción de la Materia medicinal de Dioscórides-Laguna

La editio princeps de la Materia medicinal de Dioscórides-Laguna se publicó en Amberes, por Juan Lacio, 1555, dedicada al entonces príncipe Felipe, para el que se imprimió un ejemplar en vitela, bellamente coloreado a mano. Las siguientes ediciones del siglo XVI se editaron en Salamanca, tres en el taller de Mathias Gast, 1563, 1566 y 1570, y una en el taller de su yerno Conrado Bonardo en 1586. Estas ediciones están detalladamente estudiadas por el especialista en la imprenta salmantina Lorenzo Ruiz Fidalgo18. Las distintas ediciones del siglo XVI de la obra de Laguna apenas sufren variaciones, el médico segoviano murió antes de iniciarse las ediciones españolas, por lo que, si no hacemos la salvedad, a lo largo de nuestro trabajo nos referiremos a ellas como a una sola edición.

La transcripción de la portada es la siguiente:

PEDACIO DIOSCORIDES|ANAZARBEO, ACERCA DE LA MA|TERIA MEDICINAL, Y DE LOS VENENOS MOR|tiferos, Traduzido de lengua Griega, en la vulgar Caste-|llana, & illustrado con claras y substanciales annotaciones, y con las figu-|ras de innumeras plantas exquisitas y raras, por el Doctor|Andres de Laguna, Medico de Iulio. III. |Pont. Max. |DIVO PHILIPPO.DIVI CAROLI.V.AUG. |FILIO HAEREDI, OPT MAX. |DICATVM. |Esc. real xil. de Felipe II, como rey de Europa. Por Mathias Gast. Año|1563. |Con priuilegio. |Esta tassado en dos ducados.

La Materia medicinal de Dioscórides-Laguna está dividido en seis libros, de los cuales el último, dedicado a los venenos, se ha podido constatar que no es original del anazarbeo. Cada libro está organizado temáticamente, por afinidades morfológicas o terapéuticas, y dentro de cada libro se introduce una división por breves capítulos, la mayoría de ellos de apenas ocho o diez líneas, aunque en algún caso puede ser mucho más amplio.

Los temas tratados están reseñados por el propio Dioscórides al principio de cada libro, y son:

Libro I. «Medicinas aromáticas, aceites, ungüentos, árboles y los licores, gomas y frutos que de ellos nacen». 147 capítulos, 102 ilustraciones. Libro II. «Animales, miel, leche, enjundia, las legumbres y la hortaliza, añadiendo todos aquellas yerbas que se muestran al gusto agudas, como son los ajos, las cebollas y la mostaza». 177 capítulos, 180 ilustraciones. Libro III. «Raíces, zumos, yerbas y simientes domésticas y ordinarias a la vida del hombre, como de las medicinales». 170 capítulos, 166 ilustraciones. Libro IV. «Otras especies de plantas y raíces». 194 capítulos, 192 ilustraciones. Libro V. «Toda suerte de vinos y minerales». 140 capítulos, 5 ilustraciones. Libro VI. «De la facultad y fuerza de los venenos, y de los remedios saludables contra ellos». 69 capítulos, 3 ilustraciones. Todos los capítulos de la edición de Laguna se organizan siguiendo el mismo esquema:

1. Nombre «científico» de la planta en castellano. Generalmente en este tipo de obras la descripción botánica se encabezaba por el nombre de la planta formado por la transcripción del nombre griego adaptado a la lengua en que se redactara el texto. Esta fórmula facilitaba el cotejo de obras de distintos idiomas ya que, aunque la terminación pudiera variar, la raíz del término era la misma. Cuando Linneo crea la nomenclatura botánica partió de unos nombres familiares en el lenguaje botánico del momento, y esto favoreció su aceptación unánime.

2. Texto de Dioscórides, en letra redonda, y con anotaciones marginales de las variantes encontradas por Laguna en los textos consultados.

3. Sinónimos de los nombres de cada planta en los idiomas en que esa planta se conocía, y que Laguna pudo averiguar. Cita sinónimos en hasta diez idiomas: griego, latín «clásico», árabe, bárbaro (latín usado por médicos y boticarios), castellano, en el caso de que no coincida con el encabezamiento, portugués, catalán, italiano, francés y tudesco o alemán.

4. Comentario al texto de Dioscórides, en letra cursiva. El comentario es tanto botánico como terapéutico, e incluso anecdotario alrededor de la planta comentada. A veces son amplísimos porque incorpora diversas variedades de una planta, nombres vulgares no incorporados en el apartado de sinonimia, errores de transcripción textual, y un largo etcétera.

5. Grabado xilográfico con la representación de la planta o animal, encabezado por el nombre latino. Si en el capítulo se tratan distintas variantes, pueden aparecer en él más de un grabado.

El cuerpo de la obra se complementa con diversos documentos adicionales, bien incluidos por el autor, bien propios de la impresión, pero que son de enorme interés para recuperar información sobre la historia de la edición. En la edición de 1563, son los siguientes:

Preliminares:

Privilegio real a Andrés de Laguna por quince años. Bruxelas, 24 octubre, 1555. Tassacion: [Madrid, 5 diciembre, 1562.] Erratas. Licencia real a Miguel Xuárez y Catalina Velázquez, herederos del Dr. Laguna, para que cualquier impresor pueda imprimir el libro. Toledo, 11 marzo, 1561. [Dedicatoria] Al Ilustrissimo Señor Rui Gomez de Sylua, Conde de Melito... [Grab. xil. ovalado con el busto del Dr. Laguna, al que rodea la leyenda: *ANDREAS LACVNA. SEGOBIENSIS.MILES SANCTI PET. COMES. PALAT. MEDICVS. IVLII III. PONT. MAX.] | Soneto de Don Luis de la Cerda al Doctor Laguna. Epístola nuncupatoria: Al serenissimo, inclyto, y muy poderoso señor, Don Philippo, por la divina clemencia Rey de Inglaterra... Prefacio de Dioscórides. Anotación de Andrés Laguna al prefacio de Dioscórides. Textos finales:

Tabla. Breve declaración de los pesos antiguos, que algunas veces en la obra presente ocurren. Al benigno lector, en el que incorpora un glosario de términos difíciles de comprender para el lector no versado en el tema. Privilegio real para Aragón para veinte años. Bruselas, 25 junio, 1555. Privilegio real para Brabante y Flandes. Bruselas, 2 septiembre, 1555.

Fuentes textuales e iconográficas

Andrés Laguna debió de redactar sus comentarios a la Materia medicinal de Dioscórides durante sus años de permanencia en Italia, entre 1545 y 1554. Durante toda su vida vivió interesado por el valor medicinal de las plantas, al fin y al cabo, los simples eran prácticamente los únicos medicamentos con que contaba en su profesión médica. Su contacto con Jean Ruelle en su etapa universitaria parisina le llevó a interesarse por la obra de Dioscórides, y le indujo sin duda a recopilar cuantas ediciones en griego, latín o lenguas vulgares iban saliendo de las prensas europeas. En su estancia prolongada en diferentes ciudades alemanas debió de consultar y adquirir ejemplares de los herbarios germánicos que por esas fechas se estaban publicando. Incluso debió conocer a algunos de sus autores. Todos este ciclo vital de experiencias enriquecedoras le prepararon inmejorablemente para que, en su época de plenitud intelectual, se enfrentara con la traducción a nuestra lengua de una obra tan compleja, tarea muy necesaria según él mismo nos dice en su Epístola nuncupatoria al comienzo del libro:

«Por donde yo, viendo que a todas las otras lenguas se había comunicado este tan señalado autor, salvo a la nuestra española, que o por nuestro descuido, o por alguna siniestra constelación, ha sido siempre la menos cultivada de todas, con ser ella la más capaz, civil y fecunda de las vulgares; y teniendo entendido los graves inconvenientes que sobrevenían a cada paso, así en aquellos vuestros reinos de España como en otras partes por la ignorancia de la materia medicinal, resolvíme de hacerle de griego español, de ilustrarse con comentarios y con las figuras de todas las yerbas, sacadas a imitación de las vivas y naturales, en beneficio inmortal de toda la patria».

En Italia, Andrés Laguna entró a formar parte del séquito de D. Francisco de Bovadilla y Mendoza, primeramente arcediano de Toledo, después Obispo de Coria, más tarde de Burgos y finalmente Cardenal «ilustrísimo y reverendísimo cardenal de Mendoza (debajo de cuya sombra y amparo se fabrican estos nuestros trabajos)»19. En su casa pudo utilizar una de las bibliotecas más importantes de la época. Entró también en contacto con estudiosos como Páez de Castro y Jerónimo Zurita que le prestaron manuscritos valiosísimos en lengua griega sobre los que basó su fijación del texto:

«Asimismo, el Doctor Juan Páez de Castro, varón de rara doctrina y dignísimo cronista cesáreo, me ayudó... con un antiquísimo códice griego, y manuscrito del mismo Dioscórides, por medio el cual restituí más de 700 lugares en los cuales hasta agora tropezaron todos los intérpretes de aquel autor, así latinos como vulgares; por donde se puede justamente alabar toda España que le tiene ya transferido y más fielmente en su lengua española, como jamás se vió en la latina, lo cual podrán fácilmente juzgar aquellos que quisieren conferir mi traslación con todas las otras»

(Epístola nuncupatoria).

Se ha especulado mucho sobre la existencia de este manuscrito y su localización actual. Es un tema que estudian, entre otros, Graux20, Wellmann21, Dubler22 y Guzmán Guerra23. Se sabe que la biblioteca de Juan Páez de Castro fue adquirida por Felipe II e incorporada a la Biblioteca de El Escorial. En sus primitivos catálogos consta que existieron hasta 1671 cuatro manuscritos griegos de Dioscórides, uno de los cuales perteneció a Páez de Castro y otro a Jerónimo Zurita. En 1671 un incendio destruyó tres de los manuscritos y sólo se salvó el que es conocido en la actualidad como Escurialensis R.III.3.

Por las características filológicas de las correcciones que Laguna incorpora a sus comentarios, y que nos señala proceden del códice antiquísimo, se ha concluido que éste no es el conservado en la Biblioteca de El Escorial, y que su fecha de redacción podría haber sido el s. VI d.C. Un ejemplo aclarativo del tipo de análisis y crítica que Andrés Laguna hace del texto de Dioscórides, basándose en el «códice antiquísimo» se puede encontrar en D.III.XCI.

El códice conservado en El Escorial también fue utilizado por Andrés Laguna. Su propietario fue Jerónimo Zurita, muy amigo de Juan Páez de Castro, y a quien se sabe prestó algunos libros manuscritos. A la muerte de Páez los reclamó su dueño. Entre ellos parece que estaba «otro libro de mano, en pergamino, muy antiguo, de griego y mano, que es Dioscórides»24.

Sin duda Laguna utilizó esporádicamente otros manuscritos, al menos en su estancia en Venecia el año 1548, ya que allí se formó una colección muy importante de códices griegos durante la segunda mitad del siglo XV, que en parte se custodiaban en la biblioteca legada por el cardenal Bessarion, con cerca de 800 manuscritos de los que 500 eran griegos25.

En cuanto a los precedentes impresos a su obra, tenemos que partir de la obra de Ruelle, muy corregida por el propio Laguna en su publicación Annotationes in Dioscoridem Anazarbeum (1554), publicada un año antes, pero su fuente principal de información fue, él mismo lo reconoce, la versión latina (1554) e italiana (1544) de Pier Andrea Mattioli:

«Sirviéronme no poco en este trabajo tan importante los comentarios de Andreas Mathiolo Senes, médico excelente de nuestro tiempo, el cual con increíble destreza, ha trasladado el mismo Dioscórides en lengua toscana, y le dio grandísima claridad con las singulares exposiciones que sobre él hizo, de las cuales nos aprovechamos en algunos lugares de nuestras anotaciones»

(Epístola nuncupatoria).

Muy poco antes de la publicación de la Materia medicinal conoce a Dodoens y su Cruydeboeck. En su estancia en Amberes recibe de él información sobre plantas que todavía no había podido localizar:

«No pude ver jamás en Italia ni en otra parte el fruto de nuestra regaliza ordinaria, hasta que estándose para estampar el presente capítulo, misteriosamente vino a mi Romberto Dodoneo, excelente varón y muy curioso acerca de la materia medicinal, el cual me mostró un tallico de la tal planta cogido en el jardín de Guillermo Andrea, diligente boticario de esta villa de Amberes»

(D. III, 5).

Este comentario, y muchos otros a lo largo del texto, nos dan a conocer que Laguna no dio por terminado el trabajo de recopilación de datos hasta el último momento, hasta el día en que cada capítulo salía de las prensas. Su intención era, además, revisar periódicamente su obra, por lo que pidió a

«los lectores que me avisen fraternalmente de cualesquiera descuidos, errores o faltas que en estos trabajos míos conosciere (pues en tan varia y tan entrincada historia es imposible siempre acertar) para que, siendo convencido de sus razones yo me distinga y retrate en lo cual harán a toda la Rep. gran servicio y a mi especialmente no menor gracia que si estando ciego del todo me restituyese la vista»

(Fin de la Tabla).

Tan importante como las fuentes textuales de Andrés Laguna son las iconográficas. La Materia medicinal de Dioscórides-Laguna está ilustrada con 648 grabados xilográficos, a la manera como era costumbre en toda Europa desde hacía una década. Los grabados están situados mayoritariamente en los cuatro primeros libros; sólo hay cinco en el libro quinto y tres en el libro sexto. Esto se debe exclusivamente a que en estos libros se abandona la temática botánica y se abordan temas más difíciles para la representación gráfica, vinos y minerales en el libro quinto y venenos en el último.

La iconografía botánica estaba dominada por el grabado alemán hasta que, en 1554, Pier Andrea Mattioli publicó su tratado Commentarii in libros sex Pedacii Dioscoridis de medica materia, adjectis quam plurimis plantarum et animalium imaginibus eodem authore, en el que incluyó 562 grabados del artista Giorgio Liberale26. El estilo de los grabados era completamente distinto al que los lectores estaban acostumbrados a contemplar, y sin duda Andrés Laguna quedó impresionado:

«con los apellidos de aquellas plantas que suelen hallarse en Europa, dimos juntamente las figuras y propias formas, para que por ellas pudiese conocer cada uno de las vivas, cuando las tuviese delante. Para lo cual hicimos diligentemente esculpir todas aquellas figuras de nuestro amigo Andreas Mathiolo, que fueron bien entendidas y sacadas al natural de las verdaderas, por cuanto no podían mejorarse, a las cuales añadimos otras muchas dibujadas por nuestra industria, de aquellas que conocimos por la campaña»

(Al benigno lector, al fin de la obra).

Estas palabras fueron entendidas por algunos de los estudiosos de la obra, en el sentido de que Andrés Laguna encargó al mismo taller, ¿o al mismo artista?, una copia de las ilustraciones para su edición. Quizá el texto de Colmenares incita a pensar así27. Pero las fórmulas de trabajo de los impresores de la época, la facilidad con que un grabador medianamente experto podía copiar de un ejemplar impreso los grabados para aprovecharlos en otra edición e, incluso, el comentario despectivo que incorpora Mattioli en una edición posterior de sus Commentarii (Venecia, 1564) nos hace pensar que los grabados del médico italiano se debieron reproducir en la ciudad de Amberes, donde Laguna tenía pensado realizar la edición, y donde había grabadores perfectamente capacitados para reproducir cualquier grabado de la edición del médico italiano.

Dubler28 ha comparado cuidadosamente la iconografía de las ediciones de Mathioli y Laguna, y nos señala cuáles son las ilustraciones que no coinciden. En referencia a los grabados de Laguna hace dos grupos en su estudio:

Ilustraciones distintas para una misma planta: 40. Ilustraciones de Mathioli que no se encuentran en Laguna: 100. Ilustraciones de Laguna que no se encuentran en Mathioli: 60. enumerando en cada grupo los grabados correspondientes. Vemos por ello que, de un total de 648 grabados no están tomados de la obra de Mathioli unos 100, y de ellos 40 sí existía reproducción de esa planta en el tratado del médico italiano, por lo que hay que entender que Laguna prefirió seleccionar esta reproducción en otra fuente o partir directamente de un dibujo suyo.

Historia de las ediciones en Flandes y España

En 1554, cuando Andrés Laguna llega a Amberes, el impresor Jan van der Loë estaba imprimiendo el Cruydeboeck de Rembert Dodoens, y para esta edición, nos dice C. Clair29 «adquirió los grabados en madera que habían servido para el Herbal de Leonardo Fuchs. El Cruydeboek de Dodoens apareció en 1554 con aquellos grabados y unos doscientos más, especialmente tallados para la obra, que en total reunía 707». Los grabados utilizados por van der Loë eran los que el impresor de Basilea Isingrin mandó hacer en 1545 para sus ediciones en 8.º de Fuchs. Estos tacos se los compró el impresor parisino Jacques Gazeau, y con ellos imprimió una traducción francesa en 1549. Y estos mismos tacos los utilizó posteriormente Juan Lacio, el impresor del Dioscórides-Laguna, para publicar la traducción de Juan Jarava Historia de yervas y plantas de Leonardo Fuchsio. López Piñero (1994) ha estudiado en detalle las coincidencias de la obra de Laguna y de Jarava, y enumera una veintena de grabados comunes en los dos libros, por partir ambos de los tacos de Leonhart Fuchs.

Nos encontramos quizá aquí con una de las razones por las que Andrés Laguna vino a Flandes para imprimir su edición. Si nos detenemos en la secuencia de sus obras, comprobamos que Laguna no fue un autor fiel a un impresor a lo largo de su vida. Los «pies de imprenta» de sus obras nos dicen que publicó en Lyon, París, Colonia, Estrasburgo, Basilea, Venecia, Roma, Amberes, Alcalá... Para cada obra buscaba el impresor adecuado, y en el caso de la obra que estamos estudiando fue el flamenco Juan Lacio. Es posible que su idea primitiva fuera hacer su publicación aprovechando, al menos en parte, los tacos de Fuchs. Pero Mathioli editó sus Commentarii... ilustrados (1554), y la belleza de sus grabados, su «estilo italiano» le cautivó y decidió copiarlos «diligentemente»; pero no todos, sólo «aquellas [plantas] que fueron bien entendidas y sacadas al natural de las verdaderas».

Si seguimos a Dubler, las reproducciones copiadas a Mathioli fueron unas 550, mientras que de las cien restantes, en unos casos aprovechó los tacos de Fuchs, y en otros, cuando no encontró reproducción satisfactoria, o esta reproducción no existía, los mandó grabar siguiendo su propio dibujo: «añadimos otras muchas dibujadas por nuestra industria, de aquellas que conocimos por la campaña».

Amberes era, por otra parte, una ciudad en expansión. Su situación geográfica era excepcional, favoreciendo la difusión de las innovaciones científicas y culturales a través de unas imprentas cada vez más potentes. En los grupos intelectuales que se formaban en su entorno, se encontraba además numerosos españoles que promovían sin duda las publicaciones en castellano.

Las ediciones españolas del Dioscórides-Laguna se iniciaron en Salamanca, en la casa de Mathias Gast. Este impresor era originario de Amberes, y se casó en Salamanca con una hija de Juan Junta, emparentado a su vez con los Giunta italianos y franceses. De estas ediciones, de nuevo, no se conoce apenas nada, únicamente lo que se puede leer en el propio libro, en los documentos impresos en los preliminares de la obra.

Hay que partir del hecho de que Mathias Gast mantuvo relaciones profesionales con Flandes a lo largo de toda su vida. En 1553 todavía figura en un documento como editor en Amberes de una obra de Martín Nucio, si bien en 1554 aparece en Salamanca y en 1555 debía estar ya casado con Lucrecia Junta. Entre 1558 y 1561 estuvo residiendo en Amberes «posiblemente [por] intereses comerciales en dicha ciudad»30.

Es razonable suponer, aunque hay que ratificarlo con una documentación que por ahora no se ha localizado, que uno de los intereses comerciales que Gast gestionaba en Amberes era la adquisición de los tacos de la edición del Dioscórides para reeditarlo en Salamanca. El viaje lo inició en vida de Laguna, por lo que el encargo pudo hacerlo el propio médico, y a su costa; esto explicaría que en la época de Colmenares los grabados estuvieran en manos de sus herederos. Antes de que volviera Mathias Gast a Salamanca, Andrés Laguna fallece, y son por tanto sus herederos, Miguel Xuárez y Catalina Velázquez, los que solicitan la licencia para imprimir, permiso que se les concede el 14 de marzo de 1561. Este mismo año Gast vuelve a Salamanca e inicia la impresión, terminándola en 1563.

Mathias Gast llevó a cabo otras dos ediciones, 1566 y 1570, las tres en siete años, lo que da idea del éxito que tuvo la Materia medicinal en España. En 1586 su yerno Conrado Bonardo, que se hizo cargo del taller al fallecimiento de la viuda de Gast, realiza, en su primer año de actuación en solitario, la última edición del Dioscórides en español del siglo XVI. Utilizó de nuevo los tacos traídos de Amberes, cada vez más gastados. De esta edición sólo se ha localizado hasta ahora un ejemplar en la biblioteca particular del Dr. Teófilo Hernando31, uno de los investigadores españoles que más tiempo ha dedicado a la figura de Andrés Laguna.

Se reeditó la obra varias veces en el siglo XVII y en el siglo XVIII. En el siglo XX se sigue reeditando, esta vez en edición facsímil. La fórmula establecida por la bibliografía renacentista, y que tan felizmente llevó a la práctica Laguna sigue interesando hoy, no cabe duda.

Ediciones de los siglos XVI y XVII citadas en el texto Obras de Dioscórides en griego y edición bilingüe

1499. Edición de Aldo Manucio. Pedacii Dioscoridis De materia medica. Seudo-Dioscorides: De letalibus venenis, De venenatis animalibus. Nicandro: Theriaca. Alexipharmaca. Venetiis: Aldus [Manutius] (1499, Julio). 1518. Edición de Herederos de Manucio. Pedacii Dioscoridis de materia medica libri sex; (edentibus Hieronymo Roscio et Francisco Asulano). Al fin: Venetiis: in aedibus Aldi et Andreae soceri, 1518. 1529. Edición de Johannes Heyl (Soter). Pedacii Dioscoridae anazarbei, de medica materia libri v. Colonia: Johannes Heyl (Edición bilingüe griego-latín). 1529. Edición de Johannes Haynpol (Cornarius). Pedacii Dioscoridis de materia medica libri sex. Eiusdem de venatis animalibus libri duo. Basilae: ex edibus Ioan. Bebelii, 1529. 1549. Edición de Jacques Goupyl. Primera variante. Dioscoridis libri octo: graece et latine. Parisiis: apud Petrum Haultinum;(excudebat Benedictus Prevost, 1549). (Edición bilingüe griego-latín). 1549. Edición de Jacques Goupyl. Segunda variante. Dioscoridis libri octo graece et latine. Parisiis: impensis Viduae Arnoldi Birkmanni; (Al fin: excudebat Benedictus Prevost, 1549). (Edición bilingüe griego-latín). 1598. Edición de Jean-Antoine Sarasin. Pedakiou Dioskoridou tou anarzabeos ta sozómena hapanta=Pedacii Dioscoridis anarzarbaei Opera quae extant omnia, ex noua interpretatione Iani Antonii Sarraceni... Francofurti: sumptibus Heredum Andreae Wecheli, Claudii Marnii & Ioan. Aubrii, 1598. Obras de Dioscórides en versión latina

1478. Edición de Pietro d’Abano. De materia medica, cum annotationibus Petri de Abano. Collae: Johannes de Medemblick, Julio, 1478. 1516. Traducción de Jean Ruelle. Pedacii Dioscoridis anazarbei de medicinali materia libri quinque; De virulentis animalibus et venenis cane rabioso et eorum notis libri quattuor, Ioanne Ruellio... interprete. Parisiis: Officina Henrici Stephani, 1516. 1518. Edición de Antonio Lebrija. De medicinali materia…, Ioanne Ruellio Suessionensi interprete. Compluti Carpetiniae: in Officine Arnaldi Guillelmi [Brocarri], 1518, febrero, 2. 1518. Edición de Marcello Virgilio. Pedacii Dioscoridae anazarbei de medica materia libri sex, interprete Marcello Virgilio. Florentiae: per Haeredes Philippi Iuntae Florentini, 1518. 1529. Edición de Otto Brunfels. P. Dioscoridae Pharmacorum simplicium reique medicae libri VIII, Io. Ruellio interprete. In inclyta Argentorato: apud Io. Schottum, 1529. 1543. Edición de Walter Hermann Ryff. Pedanii Dioscoridis Anazarbei De medicinali materia libri sex, Ioanne Ruellio... interprete; per Gualtherum H. Ryff... edita. Francofurti: apud Chr. Egenolphum, 1543. 1546. Edición de Miguel Servet. Pedanii Dioscorides Anazarbei De medica materia libri sex, Ioanne Ruellio... interprete. Lugduni: apud Theobaldum Paganum, 1546. 1554. Comentarios de Andrés Laguna. Annotationes in Dioscoridem Anazarbeum, per Andream Lacunam Segobiensem Lugduni: apud Gulielmum Rovillium, 1554. 1554. Traducción y comentarios de Pier Andrea Mattioli. Commentarii in libros sex Pedacii Dioscoridis de medica materia. Adjectis quam plurimis plantarum et animalium imaginibus eodem authore. Venetiis: Vinc. Valgrisi, 1554. Ediciones y comentarios en lenguas vernáculas

1542. Primera traducción al italiano. Dioscoride fatto di greco italiano, [par da Longiano]. Venetia: per Curtio Troiano di Navo, 1542. 1544. Primera traducción al italiano de Pier Andrea Mattioli. Libri quinque della historia & materia medicinale, tradotti in lengua volgare italiana da m. Pietro Andrea Mattiolo… Venetia: Nicolo de Buscarini, 1544. 1553. Primera traducción al francés. Les sex livres de Pedacion Dioscoride d’Anazarbe de la matière medicale, translatez de latin en françois [par Martin Mathée]. A Lyon: par Balthazar Arnoullet, 1553. 1555. Primera traducción al castellano. Pedacio Dioscorides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos. Traduzido de lengua griega, en la vulgar castellana... por el doctor Andrés de Laguna. Anvers: en casa de Iuan Latio, 1555. 1563. Primera traducción castellana editada en Salamanca. Pedacio Dioscorides anazarbeo, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos. Traduzido en lengua griega en la vulgar castellana... por el doctor Andrés de Laguna. En Salamanca: por Mathias Gast, 1563. Herbarios

1484. Herbario latino. Herbarius. Maguntiae impressus. Anno CLXXXIIII. [Mainz: Peter Schöffer, 1484]. 1485. Herbario alemán. Der Gart der Gesuntheyt. Menz: Peter Schöffer, 1485, marzo, 28. 1530. Herbario de Otto Brunfels. Herbarum vivae eiconeb (sic) ad nature imitationem summa cum diligentia et artificio effigiatae, una cum effectibus... Argentorati: Io. Schott, 1530. 1542. Herbario de Leonhart Fuchs. De historia stirpium Commentarii insignes. Basileae: Isingrin, 1542. 1549. Herbario de Leonhart Fuchs. Traducción francesa de Guillaume Gazeau. Commentaires très excellens de l’histoire des plantes, composez premièrement en latin par Leonhart Fuch... Parisiis: Jacques Gazeau, 1549. 1554. Herbario de Rembert Dodoens. Cruydeboeck... Tantwerpen: Jan van der Loë, 1554. 1557. Herbario de Leonhart Fuchs. Traducción española de Juan Jarava. Primera variante. Historia de yervas y plantas de Leonardo Fuchsio aleman... En Anvers: en la Gallina gorda, por los Herederos de Arnaldo Byrcman [en casa de Iuan Lacio], 1557. 1557. Leonhart Fuchs. Traducción española de Juan Jarava. Segunda variante. Historia de las yervas y plantas sacadas de Dioscóride anazarbeo y otros insignes autores... En Anvers: En la Gallina gorda, por los herederos de Arnaldo Byrcman [En casa de Iuan Lacio], 1557. Ediciones facsimilares del Dioscórides-Laguna

1962. Instituto de España. Pedacio Dioscórides Anazarbeo (1555), Andrés Laguna; [introducción y comentarios por Teófilo Hernando y Ortega]. Madrid: Instituto de España, 1968. 2 v. (en realidad reproduce la edición de Salamanca, 1566). 1991. Consejería de Agricultura y Cooperación de la Comunidad de Madrid. Pedacio Dioscórides Anazarbeo, acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos. Madrid: Comunidad de Madrid, 1991 (Reproduce la edición de Anvers: en casa de Ivan Latio, 1555). 1996. Roig impresores. Acerca de la materia medicinal y de los venenos mortíferos. Valencia: Roig impresores, 1996. (Reproduce la edición de Valencia: Imprenta de Vicente Cabrera, 1677).

Ver en línea : Biblioteca Cervantes

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