KonoZer ARAGÓN

Fundación Alcort

APUNTES EN LA ARENA

Por Rómulo Royo

Jueves 19 de marzo de 2009

- Año 2004, me encuentro en Xauen, solo sé que es de noche. Hace días que perdí la noción del tiempo. Llevaré unos quince días en Marruecos, o quizá dieciséis. ¿A quién le importa? Aquí estoy, saboreando este té con menta, que brilla como una esmeralda en esta noche oscura. Me encanta su sazón, quizá sea lo que más me gusta de Marruecos. ¿Diré esto porque estamos en otoño y no para de llover? Hace siete días me hechizaban esos colores tan vivos, mezclados con infinidad de ocres, todos los colores combinados al azar, mantenían armonía y estética. La tierra, sus ropas… Pero esto queda muy lejano en mi memoria y ahora sólo me apetece saborear mi té verde y esperar que este tiempo hostil cambie.

- Hace días que no escribo, he dedicado el tiempo a irme a las montañas que rodean Xauen para dibujar cabras, y también un burro que comía hierba. Quería morderme, me he acercado mucho y eso le ha debido de molestar, quizás me habrá visto poca cosa al estar sentado en el suelo dibujándolo, o quizás no le ha gustado su retrato.

Sigo estando perezoso para empezar un lienzo. No hago más que coger apuntes. Las hojas se empiezan a acumular.

- Otro día más, de nuevo en el bar con mi té con menta y rodeado de caras familiares. Todos los que frecuentan el bar de Mohamed le son fieles, raro es el que falta un día al rito de tomar algo sentado de cara al televisor.

No he hablado con ninguno de ellos, excepto con Mohamed, que es a quien le pido los tes con menta, pero ya le he puesto un mote a cada uno. Y cuando alguno de ellos se retrasa a este rito, me pregunto qué estará haciendo, por eso cuando asistimos todos disfruto recreándome en cada personaje.

Está el “Sin rostro”, se tapa con su chilaba y agacha la cabeza. Sentado siempre al fondo, nunca habla con nadie. Es extraño porque en los bares del lugar todo el mundo intercambia palabras con los demás.

Luego se encuentra “Jamiroquai”, evidentemente en marroquí, no es que vista igual pero tiene su aire; entre el gorro, su forma de andar y sus rasgos finos.

Hay otro al que llamo el “súper porrero”, bueno a éste le he dado ese apodo porque no hay nadie que los haga tan grandes, más bien parecen puros. Tiene los dientes amarillos y un agujero donde deberían ir las palas, cabría hasta un tráiler.

Algunos deben de tener obsesión con el hueco de los dientes, digo esto porque un crío llamado Ahmed, que viene normalmente donde Jara y yo desayunamos y alguna vez desayuna con nosotros (el sitio se encuentra en su ruta para vender incienso), me contaba un día que él tendría de mayor un hueco muy grande en los dientes para poder fumar.

Siguiendo con la gente del bar, hay otro al que he bautizado como “Tanque”. Es enorme y se sienta solo, aunque el destino siempre interviene para que alguien se instale junto a él. Tiene muy mal humor, hace tres días charlé con uno del bar y cuando terminamos nuestra fugaz conversación, Tanque, muy enfadado, se dirigió a él en árabe; no sé qué le diría, al parecer le supo mal que dialogara conmigo, y si así fue no me extraña, por el comportamiento del mundo de occidente y de EE.UU. hacia el mundo musulmán. Bueno, tampoco quiero volver a destapar la mierda política, que es bien conocida por casi todos.

Aunque no converse apenas, estoy a gusto aquí, donde el tiempo es más protagonista que en España y mi leguaje, al ser visual, suple en parte la carencia del idioma. Lo que sí da un halo de tristeza, como es natural, es la ausencia de mujeres en los bares, aunque en Tánger y Tetuán sí se las veía en algunos de ellos.

- ¿Es que no parará nunca de llover? Hace un frío del carajo, atraviesa la chilaba, el jersey y todo lo que uno se ponga. Es un frío cargado de humedad; me recuerda los inviernos en Zaragoza, cuando me quedo a pintar por las noches, parece que fluya el Ebro por el subsuelo del taller.

Hoy Aziz me contaba que fuera del pueblo, en las montañas, hace hasta veinte grados bajo cero. Espero que esta noche no sea uno de esos días. Hoy no he podido dibujar, pero no he perdonado una partida de ajedrez con Aziz, como otras noches, cerca del fuego de la chimenea y con un porro que viaja de las fichas negras a las fichas blancas.

Aunque no soy un excelente jugador, algo me defiendo, pero no consigo ganar ni una partida, porque Aziz logra hacer jaque mate hasta a la reina, juega muy bien. Aquí Alberto Betancourt disfrutaría, bueno él juega partidas rápidas con reloj. En New York yo le acompañaba cuando jugaba partidas nocturnas a las dos de la madrugada en la calle, en el Village.

Lo conocí en el metro de New York, hemos dialogado muchas horas sobre arte, y hemos llegado a pintar un cuadro conjunto en su pequeño estudio-vivienda. Aun recuerdo cómo lo titulamos: EL RAPTO DE LA CHINA. Hoy me siento afortunado por las buenas amistades que tengo en otros países, y una de estas últimas es Aziz, él hace Filosofía Árabe, sólo por conocerle a válido la pena venir hasta aquí.

Termino la noche junto a Jara.

- De nuevo un día frío, decido irme de Xauen, he oído que en Franelli hay hornos y hacen las vasijas de barro sin torno.

Voy en un taxi colectivo que me lleva antes a Ued Lau, y desde allí me dirijo a Franelli. Es un pueblo de montaña compuesto por unas pocas casas esparcidas por el monte hechas con barro y ramas en donde viven familias enteras. Sólo se puede acceder andando por la montaña, y he conseguido que el taxista que me ha traído de Ued Lau hasta donde acaba el camino de tierra viniera conmigo para hacerme de traductor.

Seguidamente anduvimos a través de la montaña hasta que por fin dimos con una de estas casas, que están escondidas en las partes altas. Por un momento se me ha pasado por la cabeza que él no sabía dónde me llevaba.

Estas personas están totalmente apartadas de la gente de ciudad. Viven en la Edad Media: los niños pican las piedras terrosas con palos para hacer barro y luego las mujeres hacen las cerámicas, aquí este trabajo es de mujeres, les parecía raro que quisiera hacer barro con ellas.

La mujer más mayor se llama Aziza y ha aceptado mi propuesta, así que volveré a estar allí y haré cerámica según el proceso ancestral que se sigue en este recóndito lugar y que parece más antiguo que la fuente escrita yahuista.

Llevo tiempo con la intención de expresar a través de la cerámica algunas ideas que me rondan por la cabeza. Aunque sé de antemano que no saldrá justamente lo que tengo en mente, esa idea se irá transformando, no sé si para bien o para mal. Sucede siempre en el trabajo, quizá por eso sigo pintando. La idea nunca se manifiesta tal como estaba concebida en la imaginación. Esta desincronización, no sé si consciente o inconsciente, hace que encuentre nuevos caminos, y cuando me parecen atractivos los desarrollo en profundidad; por eso cuando creo dejo que mi parte instintiva o mi subconsciente ocupe una gran parcela. Esto me provoca una constante alteración en la realización de lo que quería expresar de antemano, y el trabajo me enseña tímidamente caminos nuevos. Quizás la vida, o la misma cabeza, lo haga con picardía; quizás sea una motivación para que uno anhele recorrer constantemente nuevos caminos y pueda descubrir en esa superficie blanca otras formas nuevas. la parte visceral de la pintura tiene mucha importancia para mí, es la que más fuerza y sentimiento da a la obra.

Siempre parto de una idea o tema previos de lo que quiero representar. Pero esa idea que quiero realizar sería la parte más teórica, por lo tanto, si funcionara igual, el resultado sería frío y excesivamente controlado. No lo busco, no exactamente eso.

- Sigo en Franelli, me he puesto a pintar en una tela. Este sitio es muy tranquilo, aquí los días pasan más rápidos. Pero no tenía previsto venir y se duerme mal. Por otra parte, me da pena dejar el pueblo mañana; dentro de un tiempo vendré para quedarme por muchos días, como le he dicho a Aziza.

Es la primera noche que miro detenidamente el cielo con sus estrellas, y no lo miraría si no me relajara; en realidad no deja de ser un poco estúpido, veo casi la misma noche que si mirara desde España, Portugal, Kazajstán, Turquía o Canadá… igual por eso cuando estamos en otro lugar miramos el cielo, nos resulta familiar.

- Sigo sentado en este lugar, cerca de Cabo Negro, como unas sardinas asadas sobre un capó de coche, que, por cierto, están buenísimas. Diviso el horizonte y, antes de que la vista se pierda en esos dos azules que se hacen llamar cielo y mar, mi mirada se tropieza con trabajadores en la playa acompañados por barcas de motor, son pescadores. Me viene a la memoria Repin, qué gran pintor ruso, con una de sus piezas, que podría ser reflejo de esta playa. En ella aparecen unos hombres por la arena, cada uno con ropa y harapos diferentes, tirando de cabos para subir la barcaza, casi podría ser una réplica de lo que estoy viendo.

Aunque hay muchos otros que me gustan, como Asahi Sonoraza (uno de sus libros, titulado Yoshitaka Amano ‘Kiten’ es fantástico), o Dean Cornwell, Lawrence Alma-Tadema, Anselm Kiefer, Joan Ponç, Manolo Miralles, Hr. Giger, Orensanz, Rodin, Joel Peter Witkin, Miguel Angel y muchos otros, hay algunos que, sin embargo, me sorprenden, como en el caso de Jacques-Louis David; éste nunca había sido un pintor por el cual tuviera interés, pero cuando contemplé por vez primera en el Museo del Louvre su obra CONSAGRACIÓN DE NAPOLEÓN Y CORONACIÓN DE JOSEFINA me quedé fascinado, ¡cómo cambia de verlo reproducido!, bueno, esto pasa con casi toda la obra, pero este cuadro, al ser de dimensiones enormes, y al estar en esa gran sala donde había más cuadros de gran tamaño, se hacía protagonista sobre todos los demás.

De todas formas, si me dieran a elegir visitar de nuevo uno de los museos de París, entre todos elegiría el Pompidou. Igual me sucedería con casi todos los museos que he visto; en New York eligiría el MOMA, igual ocurriría en España, me quedo con los de arte contemporáneo. El único lugar del que no puedo decir lo mismo es Italia.

No es que clasifique al arte contemporáneo como superior, ni mucho menos, es diferente, y, como en todas las épocas, ha habido de todo, pero para mí es más dinámico. Se aprecian más diferencias en los medios y la forma de expresarse, lo siento más cercano a mí.

Los museos son una novela acabada de la que te han hablado tanto que te recreas en su buena escritura, salvo excepciones, pues algunos están muertos y parados.

El mejor sabor de boca lo encuentro cuando voy a una exposición de alguien a quien no conocía y me asombra. Ver algo bueno y nuevo me pone los pelos de punta. También se disfruta viendo artistas archiconocidos, pero en ellos, aunque evolucionen, el factor sorpresa es más difícil de hallar.

- No he mirado ningún calendario, estaremos a últimos de noviembre de 2004. De nuevo monto en un taxi colectivo hacia Tetuán y luego hacia Tánger. El equipaje empieza a pesar y a ser incómodo. Mejor será que deje la vasija. Transporto una vasija bastante grande donde llevo pigmentos y otras cosas, se la compré a un anciano en un tenderete. Él mismo me dijo que todo lo que tenía procedía de Franelli.

En la estación de autobuses de Tánger se quedan el equipaje y la vasija; la ropa indispensable y los pigmentos se vienen conmigo en el viaje a Fez.

Es una pena, anochece en el tren, el paisaje se vuelve tímido y se esconde tras sedas negras. Fez me da la bienvenida.

Tarde y cansado para poder ver la ciudad, mañana será otro día.

- ¡Fez!.

La Medina es enorme, está llena de arterias, callejuelas con un millón de puestos.

Viendo estas gamas infinitas de tonos y colores me acuerdo de los lienzos que pintaba cuando tenía tres y cuatro años; desde este lejano lugar les doy las gracias a mis padres por comprarme a esa edad lienzos y pintura y por dejarme embadurnar montones de papeles; muchos de ellos aún ahora los guardo con cariño.

Me pongo a tomar apuntes sentado en una esquina, pero me resulta imposible, la gente se arrima y no me dejan ni medio minuto. No sólo son reacios a la imagen en Fez, también en casi todos los sitios por donde he pasado hasta llegar aquí.

He conseguido recoger unos pocos esbozos de algún lugareño.

- El día está gris, continuamente llovizna. No sé qué motivo lo relaciona, pero este día ha despertado en mi memoria París, y seguidamente el escultor Carlos Ragazzoni, es como aquel loco y sus viejos cacharros; me viene al recuerdo aquel tiempo que estuve con él en el taller de París, donde trabaja, una antigua estación de trenes con unos diez mil metros cuadrados donde ya no cabe ni una escultura más; es un bruto. Esculturas llenas de color en contraste con el cielo gris de París... quizás sea esa misma sensación la que me ha traído a la memoria aquel tiempo.

Mientras voy caminando veo que lo reciclan casi todo, pero aun así hay un buen filón para introducir materiales desechados y conseguir algunos en estado más puro para la pintura. Me gusta reciclar, elementos que excluye la sociedad aparecen en mis cuadros, aunque fuera de contexto. Ahora mismo el taller de Barcelona se encuentra lleno de cachivaches, cuando vuelva tendré que hacer una selección.

Barcelona es un buen sitio para trabajar, me gusta su luz mediterránea y ese halo contagiador de ciudad cosmopolita. Pero también me seduce Marruecos; aquí estás más receptivo a otras historias, se encuentran más destapadas las raíces o las cosas básicas que, al fin y al cabo, a mi parecer son las más importantes, pues están más cercanas a lo primitivo. Mi interés es fusionar estas raíces con los medios actuales.

Aunque siendo frío, en todos los sitios se hacen obras buenas y malas, el lugar no es relevante para la pintura, si no que se lo pregunten a Giacometti: casi toda su obra la realizó en su mismo estudio de París, ni siquiera cambió a otro más grande cuando fue reconocido; o a Jan Saudek: el juego que puede dar una sola habitación mordida en Praga, donde él vivía. Infinidad de fotografías en el mismo cuarto narrándote cada una hechos distintos.

Al fin y al cabo, lo que cuenta es la obra, no creo en el envoltorio ni en la parafernalia que hay a su alrededor.

- Hoy sé que estamos a dos de diciembre, eso marcaba el reloj en correos esta mañana cuando compraba sellos. Más tarde un burro que subía por una callejuela se ha caído, y no sé si se ha roto el cráneo o el hocico, pero le salía un bulto enorme por debajo del ojo y ha dejado un charco de sangre en el suelo. Hoy está todo el pavimento mojado y hay barro por toda la medina, esto ha hecho que el animal patinara. Lo han erguido, le han cargado de nuevo las bombonas de butano y no sé cómo ha seguido caminando. Con este panorama, qué bajón, entre la tristeza que daba el animal y la situación en que se encuentran algunos... Si actúan así con el burro, que es la herramienta de trabajo, imagino en qué situación estarán ellos. Me han venido entonces imágenes de toda la gente que he visto con deformidades. Muchos no padecerían esas discapacidades si estuvieran en Europa, pues aquí se pueden corregir. A otros les faltan miembros y van con un arcaico palo o tienen otras desgracias. una mujer inglesa o de Bélgica, no recuerdo, quería fundar en Marruecos junto a su hija una protectora de animales... ¡serán hipócritas! no se han dado una vuelta por este sitio o quizá no pisaron ni esta tierra. Marruecos está plagado de burros, es su elemento de trabajo, ¿qué quieren, que carguen ellos o ellas con las bombonas de butano? Aquí tienen burros, en este lugar, por lo menos, no están en extinción.

Todo esto ha destapado lo negativo del lugar, pero no todo es feo, al contrario, hay cosas muy bellas, incluso hay cosas que aprender. También surge el contraste a la frialdad que le está caracterizando a Europa, en la que parece haya que proceder a una reverencia cuando alguien nos concede su tiempo.

Esto que ha sucedido hoy me ha dejado sin fuerzas, no deseo hablar con nadie.

- Pretendo comprar más pigmentos... Imposible, caminando por la medina cada cual me manda hacia lugares donde sólo tienen tintes. De todas formas, llevo veintiocho kilos de pigmentos... casi mejor no haber encontrado más en Fez.

- Me levanto temprano, se oye al muecín llamar a la oración, rápidamente me visto y salgo hacia la medina para ver más tarde cómo abren los curtidores.

Es un gran espectáculo caminar por la medina: esencias con un millón de colores, una cabeza de camello colgando con perejil en la boca, la zona de los curtidores donde finalmente me siento... y las horas se pasan observándolos con estos rácanos rayos de sol.

Visualizo un cuadro enorme con curtidos atados y chapas como soporte.

- Transcurridos unos días, el cuaderno de viaje aparece lleno de polvo, sólo las brochas son protagonistas. Detengo la mirada dentro de este autobús para ver cómo Fez se hace más pequeño en el horizonte. En el interior del vehículo hace calor, y a mitad de trayecto, cuando pasamos por un puerto de montaña, el anciano que está sentado delante vomita sobre el vidrio y su asiento.

Voy todo el viaje con un olor no precisamente a vegetación que a menudo asoma por el cristal.

Tetuán de nuevo, recuerdo los días que pasé antes de llegar a Xauen o, como otros la llaman, Chefchauen. La medina de Tetuán está llena de puestos de bisutería color oro, o quizá de oro, y una mini plaza más o menos rectangular donde colocan todo el pescado. Me encantaba pasear por esa zona totalmente encharcada y con un olor intenso, comparaba mis pinturas con el pescado.

La mayor parte de la obra que pertenece a otras etapas la veo lejana y mucha no la quiero ni ver. Pertenecen al pasado, y yo me recreo solamente en el presente y en proyectos futuros.

Si los vendedores recogieran el pescado que sobra y lo volvieran a traer al puesto, así sucesivamente... se pudriría.

No pienso ni veo la vida como hace cinco años, ni siquiera uno y medio, tal vez por ello no me gusta detenerme mucho en los cuadros ya pintados.

Salimos hacia Tánger de noche en un taxi colectivo y esta vez me he concedido el primer lujo del viaje: dormir en el hotel Continental, un hotel de estilo colonial, con una atmósfera enrarecida, con vistas al puerto donde antes debía divisarse la playa, y una plantilla tan vieja como las paredes del hotel. En su interior filmaron algunas escenas de la película sobre Paúl Bowles EL CIELO PROTECTOR…

- Por la mañana miro por la ventana, hay un cartel de propaganda con todo el metacrilato rayado y tipografía obsoleta.

¡Qué bien se respira! Intento llevarme este olor de vuelta a Barcelona.

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