KonoZer ARAGÓN

Ejercer

Martes 17 de enero de 2012, por 02 Antonio Palomino

Es cierto que hay etapas en la vida que no somos capaces de comprender hasta que no las abordamos y nos toca vivirlas. En mi caso y en mi situación actual es la etapa de jubilado.

Burocráticamente reunía todas las condiciones para serlo después de las experiencias vividas, pero ahora me siento jubilado también físicamente. Una muestra evidente de ello, es mi temperatura: toda mi vida he sido caluroso, mi forma de sudar ha llegado a avergonzarme en ocasiones; pues bien, eso se ha terminado, ahora tengo frío en invierno, como una persona normal.

Como todo jubilado que se precie, me he acostumbrado a dar largos paseos (de una hora más o menos) por la mañana y por la tarde; es el único ejercicio que hago y creo que me conviene. En esos paseos, me he sorprendido disfrutando de cada rayo de sol invernal (sobre todo después de unos cuantos días de niebla), sintiendo su tibieza que reconforta y reanima.

Ahora comprendo lo que supone estar un ratito sentado en un banco al sol, sin prisas; comprendo que de repente, me he hecho anciano, pero no me hago mala sangre, al contrario: estoy aprendiendo a disfrutarlo, a llevarlo con dignidad. Me estoy ubicando en mi nuevo espacio social: no soy viejo, soy anciano y me gusta.

Por otro lado, está el agradecimiento. Agradezco infinitamente a quien corresponda, el privilegio de poder seguir gozando de mi amada, de las personas que me quieren y de mis animales, de esos rayos de sol, de esos paseos, de ese frío de enero, incluso de la niebla. Todo para mí constituye una nueva ocasión, una nueva oportunidad de sentir, de ser y estar, de poder seguir mi proceso vital en esta nueva etapa y, sobre todo, de valorar lo que tengo y seguir con ganas de transmitirlo.

Lo dicho: sigo aprendiendo y en eso no ha cambiado tanto mi vida. Deseo seguir aprendiendo muchos años más…

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