KonoZer ARAGÓN

Libertad para ser

Viernes 8 de abril de 2011, por 02 Antonio Palomino

Se multiplican los “parones temporales”. Es un hecho. También lo es que algunos de ellos son espectaculares, tanto en su manifestación física como en la duración. Creo, como ya he dicho alguna vez, que son ajustes necesarios para el planeta y para nosotros mismos, pasos para la definitiva ascensión colectiva.

También es un hecho que se multiplican las historias… Historias de gente que interpreta adecuadamente lo que está pasando y despierta a la nueva realidad, que se siente sacudida primero por sensaciones distintas, nuevas, no experimentadas hasta ahora y después, por una necesidad acuciante de saber más, de conocer más acerca del Gran Plan y de sí mismos, de su papel personal dentro de él. Todo eso da como resultado un afán de intensa introspección en busca de cosas que sabemos que “debemos recordar”, en busca de nuestra verdadera identidad, en busca de nuestro verdadero ser interdimensional y atemporal, de ese cúmulo de energía que somos en estrecha colaboración y comunión con el resto del Universo todo. Llegados a un determinado nivel, no es necesario que se nos llene la boca con la palabra amor, ni con la de dios, ni con la de padre. En ciertos estados, nosotros mismos llegamos a ser el Amor, el Dios, el Padre, la Fuente, puesto que estamos hechos de la misma materia que él. Cuando se tiene esa nueva con(s)ciencia, esta se convierte en el vehículo ideal que nos puede aligerar el paso en estos días alcanzando la asunción definitiva de todo lo que está sucediendo ya y lo que está pronto a suceder.

Desgraciadamente, hay también historias de gente que se retrasa. Gente que confunde esas nuevas sensaciones hasta el punto de utilizarlas no ya solo en su propio beneficio, sino con la clara intención de hacer daño a otros. Para ellos ha llegado al parecer el momento de situarse en una posición de poder o manipulación, de ventaja sobre los demás (algo que han perseguido siempre), para lo cual no han dudado en apartarse del camino y de los compañeros de viaje que eran los idóneos. Tratan de destacar atribuyéndose capacidades o dotes que no poseen o confundiendo esas supuestas capacidades hasta el punto de creerse en poder de la verdad absoluta y haciendo creer a los otros (o intentándolo) que su postura es la adecuada, la real, la que no admite discusión y para ello no dudan en propagar bulos e incluso profecías, inspiradas por no se sabe bien que “ente espiritual”, pero que deben cumplirse por todos salvo pena de “condenación eterna” o de cosas peores. Intentan hacer prevalecer su punto de vista, su inspiración divina, utilizándola para condenar y aislar a los que no piensan como ellos. Aseguran sin sonrojarse que están de parte de “la Luz”, sembrando al mismo tiempo cizaña, odios, malentendidos, bulos y mentiras, contra aquellos que, en un momento determinado, parecía que podrían hacerles sombra, sin pararse a pensar siquiera que a esos que no comulgan con sus ideas, a esos que no claudican a pesar de ser el objetivo de sus críticas, manipulaciones y malas artes, les importa muy poco el figurar o el sentirse el centro de nada, limitándose simplemente a trabajar en silencio y de la mejor manera que saben en beneficio del Plan; por supuesto, los acusan de estar en la “oscuridad”, e incluso de “querer apoderarse del mundo” o de estar de parte del famoso “gobierno en la Sombra”, según los casos, cuando realmente son ellos los que intentan someter, disgregar, separar, obstaculizar, manipular y emponzoñar.

Algunos de estos personajes hablan de la felicidad sin haberla rozado siquiera y permitiéndose con todo, el lujo de definir algo que no conocen, que está y estará muy lejos de su alcance. No acierto a comprender del todo que es para ellos la felicidad, pero sí puedo explicar claramente lo que es para mí ¿Será quizá porque yo soy feliz y ellos no?

La felicidad es eso indefinible que sale reforzado tras superar todas las dificultades, engaños, tramas, burlas, conspiraciones, traiciones, zancadillas, mentiras… La felicidad es amor, complicidad, comunión, respeto y alegría, pero también es comprensión, perdón, tolerancia, redención y ayuda… La felicidad es eso que impulsa a compartir tu forma de vida con todos los que quieran hacerlo, lanzándola a los cuatro vientos y haciendo pública cualquier manifestación de ella. Cuando eres feliz, feliz de verdad, quieres que todo el mundo lo sepa, quieres que todo el mundo lo vea con la esperanza de que a todos les llegue su parte, pero sobre todo, quieres que todos sepan quien te da esa felicidad, quien es ese ser que tiene la culpa de que vivas en ese continuo estado de éxtasis. La felicidad es también el poder hacer lo que deseas, lo que sientes que debes hacer, con quien deseas y sientes que debes hacerlo, sin importarte cuanto vas a ganar o a perder, sin importarte el esfuerzo que cueste, porque lo único que cuenta cuando eres feliz es eso: seguir siendo feliz…

Como es comprensible, eso es algo al alcance de muy pocos, algo reservado a algunos elegidos, a personas que durante eones han estado persiguiendo la felicidad sin encontrarla y a veces, sin saberlo. La felicidad, señoras y señores, no puede definirse, juzgarse o acotarse en otros, porque cuando no es la tuya no puedes ponerle puertas ni límites y mucho menos asegurar si es real o fingida. La felicidad es, en suma, algo que no puede reconocerse si no se vive…

¡Que seáis felices si vuestra conciencia os deja!

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