KonoZer ARAGÓN

Montserrat

Lunes 28 de junio de 2010, por 02 Antonio Palomino

Nos hicieron esperar 45 minutos, pero como siempre valió la pena. Se siente algo especial, un poco como la sensación de que puede que ya no tengas ocasión de vivir nunca más ese momento. Por eso, cada vez que puedo hacerlo me resulta tan emocionante como las veces anteriores y, al mismo tiempo, lo siento como si pudiera disfrutarlo una única vez.

Garantizo que nada tiene que ver con la religión, es un sentimiento espiritual y personal, es como escapar del mundo durante cuatro minutos, para encontrarte con tu verdadera esencia en las vibraciones de esas notas mágicas, de esas voces angelicales. Al fin y al cabo, la música sacra tiene ese objetivo.

A todo ello hay que añadir que es todo un himno representativo de mi patria chica que, sin teñirlo de nacionalismo porque no lo tiene y la letra lo demuestra, me identifica y me emociona tanto más cuanto es el punto de partida de este mi viaje espiritual.

Otra demostración palpable del amor y la unidad que se experimenta cuando estás inmerso en esas notas, es el silencio con que lo escucha la gente de diferentes lugares, idiomas y credos. Es algo de mi tierra que llega al resto del país, que llega a todo el mundo, sea de donde sea…

Pues sí, una vez más se me han llenado los ojos de lágrimas escuchando el Virolai en Montserrat, como las otras veces, como si fuera a ser la última vez.

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