KonoZer ARAGÓN

PROGRAMA DE INVESTIGACIÓN DE AURORA ACTÍVA DE ALTA FRECUENCÍA

TEMA ESPECIAL: HAARP

Por CONRADO ADOLFO PARIS DE VERGELY Y DE LUNA - Vice-presidente y Director de RTV de Konozer.

Miércoles 20 de enero de 2010, por 01 Inmaculada Casado

El Proyecto Haarp (Programa de Investigación de Aurora Activa de Alta Frecuencia), es un proyecto financiado por la marina y la fuerza aérea de los Estados Unidos en colaboración con la universidad de Alaska, que dio comienzo en 1993 con el objetivo de "entender, simular y controlar los procesos ionosféricos que podrían cambiar el funcionamiento de las comunicaciones y los sistemas de vigilancia" (sic). Cuando hablamos de "comunicaciones" y "sistemas de vigilancia" en el contexto de un proyecto eminentemente militar, podemos esperar cualquier cosa aunque no precisamente positiva.

Esto viene a confirmarlo el hecho de que Rusia cuenta con un proyecto idéntico, el llamado Proyecto Sura. Significaría que nuestro mundo ha entrado en un tipo de guerra diferente a las conocidas hasta ahora. Ambos proyectos están basados en una idea originaria de Nikola Tesla: la emisión de potentes ondas electromagnéticas que, reflejadas en la ionosfera, podrían alcanzar grandes distancias. A pesar de la similitud de los dos proyectos, en abril de 1997, el entonces Secretario de Defensa de los Estados Unidos, William Cohen, en un intento de "vender" la bondad del proyecto de su país, declaró: "…otros se están dedicando incluso a un tipo de terrorismo ecológico que puede alterar el clima, generar terremotos, activar volcanes a distancia mediante el uso de ondas electromagnéticas… Es decir, hay muchas mentes ingeniosas trabajando en la búsqueda de medios para causar terror a otras naciones… Es real, y esa es la razón por la cual tenemos que intensificar nuestros esfuerzos". Una forma de criminalizar al adversario, justificando de paso los propios planes.

Según una opinión bastante generalizada entre los científicos, este tipo de ondas electromagnéticas podrían producir alteraciones de las placas tectónicas y los patrones climáticos, provocado los huracanes Katrina, Rita, el tsunami asiático, e incluso el reciente terremoto que ha devastado Haití. Estas declaraciones que, en un principio podrían resultar increíbles, toman cierta fuerza según lo dicho en 2005, por el economista canadiense Michel Chossudovsky: "…desde un punto de vista militar, es un arma de destrucción masiva que, potencialmente constituye un instrumento de conquista, capaz de desestabilizar sistemas agrícolas y ecológicos de regiones enteras y de una manera selectiva…".

Se cree también que el potencial generado por la emisión de dichas ondas, podría desplazar la ionosfera, provocando un caos en las comunicaciones, llegando a destruir aviones o misiles y cambiando las condiciones atmosféricas, modificando la absorción de los rayos solares y aumentando las concentraciones de ozono y nitrógeno, pudiendo afectar negativamente al cerebro.

Los científicos en su mayor parte, culpan al famoso calentamiento global de las continuas catástrofes naturales que, últimamente vienen sacudiendo al planeta. Quizá estos proyectos podrían explicar las posturas soviética y estadounidense en relación al Protocolo de Kyoto y otras cumbres medioambientales: es cierto que ambos los suscribieron, pero no sin antes presentar una dura batalla con sus imposiciones en un caso, y con sus dudas en el otro.

La versión oficial del Proyecto Haarp, mantiene que tiene multitud de aplicaciones: los ejércitos dispondrían de una herramienta capaz de contrarrestar el impulso electromagnético producido por una explosión nuclear, podría contribuir a sustituir y mejorar el sistema militar de comunicaciones y a eliminar las comunicaciones de un "supuesto enemigo" sin afectar a las propias; es decir, una gran baza disuasoria. A efectos militares y, de cara a la opinión pública, puede "venderse" como un escudo de protección contra posibles invasiones o ataques. También podrían hacerse tomografías del subsuelo en busca de petróleo, minerales, agua, etc…

Lo cierto, es que ya en 1958, el capitán Orville, consejero de la Casa Blanca y encargado de los estudios sobre el cambio climático, admitió que se estaban investigando sistemas para manipular las capas atmosféricas con la intención de producir cambios en el clima.

En la guerra de Vietnam, en 1967, se desarrolló un programa con el nombre de Proyecto Popeye, con el objetivo de prolongar la estación de los monzones y bloquear las rutas de suministro enemigas.

Todo esto nos llevaría a pensar que quien utilizara esta tecnología con fines bélicos, podría someter en un tiempo record la economía de un país entero, sin que nadie pudiera sospechar absolutamente nada. Imaginemos a un país que, además de tener que enfrentarse a una pobreza extrema, debe luchar también contra catástrofes naturales de dimensiones apocalípticas. Nadie imaginaría que todo ello pudiera ser provocado. Y no sólo a los enemigos. También podrían desestabilizarse las economías, agriculturas, ecosistemas y tendencias políticas de países aliados sin su conocimiento. Bien, pues según los científicos eso es más que probable, e incluso algunos aseguran que no es más que la punta del iceberg.

La realidad es que desde 1958, se vienen desarrollando muchos programas similares y con objetivos parecidos: Proyecto Argus (1958), Proyecto Starfish (1962), Solar Power Satellite Project (1968), Saturn V Rocket (1975), SPS Military Implications (1978), Orbit Maneuvering System (1981), Innovative Shuttle Experiments (1985), Mighty Oaks (1986), Desert Storm (1991), etc…

Parece ser que nadie quiere retrasarse, por lo que al norte de Noruega, en Tromso, se ha construido algo similar aunque con carácter de "consorcio europeo", ya que participan Noruega, Suecia, Finlandia, Francia, Reino Unido y Alemania. En relación con esto último, debemos citar que el pasado mes de diciembre pudieron observarse sobre los cielos de Noruega unos inusuales fenómenos atmosféricos en forma de rayos extraños que, algunas fuentes han relacionado con el Proyecto Blue Beam, relacionado al parecer con el Haarp.

En 2008, Estados Unidos ofreció a algunos países la posibilidad de firmar acuerdos para el despliegue en Europa de su escudo antimisiles. Polonia y la República Checa firmaron ese acuerdo que culminará con la instalación en 2011 de sendos radares y bases antimisiles en ambos países. Otros, como Alemania, Austria, Bélgica, Francia, Grecia, Holanda, Luxemburgo y Noruega, mostraron reservas sobre los planes de Estados Unidos, Polonia y la República Checa. Rusia agradeció la oferta sin aceptarla y declarando su frontal oposición al tratado, aunque posteriormente anunció junto a Bielorrusia la creación de un sistema propio y conjunto de defensa antiaérea que estará emplazado en la frontera con la OTAN.

Son ambas caras de una misma moneda. Por un lado se critican o no se asumen acuerdos, proyectos comunes, no se acercan posturas ni se comparten ideas, mientras que por el otro, cada uno en su territorio intenta seguir el ritmo y no quedarse atrás para, llegado el momento, ser partícipe del botín sea este el que sea. Se firman convenios y acuerdos medioambientales que después se incumplen sistemáticamente con la excusa del bienestar y la seguridad de los ciudadanos, pero con el objetivo oculto de atemorizar a los demás y detentar el poder absoluto. Así son algunos de los gobiernos del mundo…

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